Este jueves se define la nueva conducción de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina (CGT), luego de meses de intensas elucubraciones, alianzas y asperezas difíciles de limar. La interna en el Frente de Todos entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner también ha penetrado en la central obrera.

De no haber modificaciones de último momento la nueva CGT será conducida por un triunvirato: Héctor Daer, de Sanidad; Pablo Moyano, de Camioneros, y Carlos Acuña, de estaciones de servicio. La

Antonio Caló, actual secretario general de la Confederación y también secretario general de la Unión de Obreros Metalúrgicos (UOM), quedaría desplazado del Consejo Directivo a pesar de su intento por ser el cuarto integrante y contar con el apoyo kirchnerista. Caló ocuparía la Secretaría de Industria.

Este cambio en la conducción representa el regreso con fuerza del moyanismo a la central obrera y además no habrá representantes del gremialismo kirchnerista en la cúpula directiva.

Quiebre en el Frente de Todos

En la CGT también se vislumbra la pelea de la coalición oficialista que se endureció después de la derrota en las PASO. Por eso Caló, muy oficialista y cercano a Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kiciloff, quedaría desplazado de la dirigencia que se define más cercana al presidente Alberto Fernández.

Por eso hay preocupación para esta nueva dirigencia sobre lo que pueda pasar después de las elecciones del domingo: el temor es que se desplace a Claudio Moroni del Ministerio de Trabajo y en su lugar se nombre al abogado Héctor Recaldeo la diputada camporista Vanesa Siley y que se nombre a alguien afín al kirchnerismo en la Superintendencia de Servicios de Salud, que administra los fondos de las obras sociales.

Algunos sectores de la dirigencia gremial esperan que el Gobierno tome las riendas luego de las elecciones pero sin la voz cantante de la Vicepresidenta ni La Cámpora para que la CGT tenga espacio en la composición de un nuevo gabinete para garantizar la gobernabilidad hasta el 2023.

El sindicalismo kirchnerista, agrupado en la Corriente Federal de Trabajadores, exigió que los sindicatos industriales tengan representación en la dirección, pero la alianza formada para esta ocasión se resistió y señaló que no hace falta que la industria tenga un delegado propio en la cúpula.

Con un futuro cercano con temor a fuertes turbulencias en el Gobierno, la CGT también tendrá que soportar los embates de una coalición explosiva entre Facundo Moyano y Héctor Daer, históricos enemigos y hoy aliados en la cúpula. También deberá esperarse para saber si esta nueva Confederación tendrá un sesgo oficialista, si será crítica con el Gobierno o si actuará de manera autónoma.

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