"Mi gladiador bajó su escudo y se ganó sus alas a las 02.30. Estoy desconsolado. TE AMO MI HIJO". Con este triste mensaje , Thomas Evans confirmó la muerte en la madrugada del 28 de abril de su hijo Alfie, el bebé que había sido desconectado hace cinco días de la asistencia mecánica que lo mantenía en vida.

El pequeño de 23 meses sufría una rara patología neurodegenerativa para la cual no existía tratamiento y que había destruido su tejido cerebral. Ya no podía ver ni oír y tampoco tenía sentido del tacto o del gusto. Sus médicos consideraban que mantenerlo en vida era prolongar inútilmente su agonía.

No obstante, sus padres mantuvieron una larga batalla judicial contra el hospital Alder Hey de Liverpool para tratar de revertir la decisión de desconectarlo y luego pedir su traslado a Italia, donde un hospital se ofreció para seguir su tratamiento gracias a la ayuda del Papa Francisco. Sin embargo la Justicia rechazó los últimos recursos que la familia presentó.

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