Hubo una época en la que los aplausos se los llevaban ellos, la tropa del personal de salud. Cada noche, desde ventanas y balcones, la ola se reconocimiento era un mimo sonoro que cruzaba el país de punta a punta. Una costumbre que se copió de los principales destinos de Europa, asfixiados por la pandemia mientras acá el coronavirus era apenas un brote que crecía a cuentagotas con los “repatriados”, argentinos recién regresados que se habían contagiados en el exterior.

Pero cambiaron los tiempos: del otro lado del Océano Atlántico tuvieron el primer respiro tras su pico de casos y contagios y, mientras tanto, aquí ser positivo de Covid 19 se volvió algo cotidiano, frecuente y –en buena medida- el principio de un drama que aún continúa, con cifras récords de internados y víctimas fatales.

Embed

Y ahora que médicos, enfermeros, mucamas, ambulancieros y demás trabajadores de hospitales y clínicas no dan abasto, cuando las guardias están saturadas y las camas de internación escasean, son ellos mismos los que sostienen aquella música de palmas batidas. No les ponen horario, sino que es la reacción natural ante la celebración que viven cuando ven volver a casa a cada paciente recuperado.

“Esta gente tiene un valor humano divino, hacen un trabajo insalubre y nos despiden con esa sonrisa”, cuenta a quien aquí solo se mencionará como Pedro, que desde una cama de la Clínica Pueyrredon, todavía internado y con su voz interrumpida por la tos que le dejó el virus, relata en primera persona y emocionado esa conmovedora reacción del personal cuando se va de alta su compañero de habitación.

Quien registra en video es el propio paciente recuperado, flanqueado en el pasillo por una suerte de cordón de honor que le preparan a todos aquellos que salen triunfantes de cada una de estas pequeñas batallas que significa cada caso en tratamiento. “Muchas gracias, mil gracias”, no se cansa de repetir mientras desanda el camino entre quienes lo atendieron estos días difíciles.

El audio de quien todavía esperaba el fin del tratamiento, compartido con un grupo de amigos, se convierte también en un mensaje a toda la comunidad en estos momentos de récord de contagios en Mar del Plata.

Tras el elogio a los trabajadores de la clínica se encarga de advertir, siempre con esa incómoda tos de por medio, sobre la necesidad de tomar recaudos como principal medida de combate al coronavirus. “Por eso hay que cuidarse, hay que cuidarse mucho”, les insiste. Los despide con un muy afectivo “Los quiero mucho” y una frase final que hoy es su cierre a cada conversación por chat: “Cuídense, por favor”.

Comentá y expresate