Violeta Sufriategui y Orlando Ruiz llevan casi 40 años en el barrio El Martillo, y han sido parte del crecimiento y desarrollo de sector. Ayudaron a fundar escuelas, a que llegara el agua y otras obras fundacionales.

“Vine al barrio en 1956 y me quedé aquí porque me gustó, tengo 93 años”, cuenta Orlando que está junto a su “compañera”, como la llama, quien hace 30 que vive en El Martillo.

El sector de la ciudad, ubicado al sur de la 39 y Jacinto Peralta Ramos, tiene su historia. “Se llama ‘El Martillo’ por consecuencia de una calle principalmente que hacía martillo, la que iba al camino viejo a Miramar, en la década del 30. La estancia y el paraje que todos le decían El Martillo”, expresa el hombre.

Faltaba todo, no había transporte de colectivo y empezamos a trabajar por las escuelas. Era todo descampado, había un 25% de construcción de casas. Detectamos unos terrenos, que eran seis hectáreas, destinados en el año 1884 para escuelas rurales y que no se había hecho nada. Ahora hay dos o tres escuelas y un jardín de infantes”, recuerda Orlando.

Otra de las grandes obras que se realizaron en el lugar fue el acueducto sur, fruto de la insistencia de los vecinos y de la Sociedad de Fomento del barrio a la que pertenece la pareja. “Nos decían que no se podían hacer cloacas si no había agua corriente, y nos argumentaban de que no se podía poner. Se inició la lucha y el trabajo de acueducto sur que dio la solución para miles de personas de los barrios del sur”.

Orlando y Violeta están convencidos de que la transformación de El Martillo fue por la "lucha de los vecinos”. “Vamos a seguir trabajando, no tanto como antes porque se nos va terminando el combustible” concluye el hombre entre risas.

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