El cirujano marplatense Diego Fernández fue destacado como uno de los tres mejores cirujanos del mundo menores de 45 años por el Colegio Americano de Cirugía. El médico especializado en cirugía hepatobiliar-páncreas y trasplante hepático, que además es el Presidente de la Fundación Mar del Plata Trasplante, contó su historia en "Reserva para dos",el ciclo de entrevistas conducido por el periodista Germán Lagrasta que se emite por Canal Diez.

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La gran deuda de la medicina, local, nacional y mundial es que la medicina debería ser homogénea y social, para todos de la misma forma. Ésta es una gran deuda que tenemos. Tenemos dificultades como país, pero que desde lo médico sería bueno que todos puedan acceder a la medicina de la misma forma. En todo el país no todos tienen la misma medicina”, expresó el joven médico.

Fernández hizo la primaria en la escuela N°27 de la ciudad, la secundaria en el Mariano Moreno y luego estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires. “Estoy muy agradecido a la educación pública. Al ser gratuita y pública creo que tenemos el deber de devolver cosas. Que hoy podamos ser médicos y profesionales se lo debemos a ello. Todo requiere un esfuerzo, un camino, nada es rápido, nada es fácil. Hay que enamorarse de los sueños, darle pasión a lo que uno hace. Siempre dije que quería ser médico”, sostuvo en la entrevista.

Si bien hizo la mayor parte de su carrera en Buenos Aires, decidió volver a su ciudad natal. “Hoy estoy fascinado con vivir en Mar del Plata. Trabajaba en el Hospial Italiano, empezamos a hablar con un equipo que era de la ciudad y que acá la especialidad no estaba desarrollada. Mi familia vive acá, yo seguía viniendo enamorado de Mar del Plata. Fue una idea y fue evolucionando, tuvimos el apoyo del Italiano con un programa satélite de ellos. Me apoyaron y arrancamos, no me arrepiento en lo más mínimo”, comentó.

En su trabajo tiene que atravesar muchas veces momentos difíciles como la muerte de un paciente. “Nos formamos, estudiamos y estamos para dar lo mejor, no siempre es el resultado que esperamos. Aliviar siempre y contener también, curar a veces. Esto hace que el médico busque el equilibrio. Tengo un lado especial, que es lo espiritual”, contó.

“A veces tenemos pocos segundos para tomar decisiones, a veces sale bien. No hay médico que no sufra la emocionalidad del paciente y la familia. No creo en médicos de hielo, es mejor porque sino seríamos robot. Lo que más nos duele a los médicos es cuando nos recriminan cuando algo no sale bien. Cuando uno da todo y no da nada sufrimos ese embate que no es grato”, enfatizó.

Según el médico, el paciente que es trasplantado muchas veces está “muy delicado” y ver la recuperación es el momento más maravilloso. “Cuando funciona es ver florecer al paciente, ver florecer algo que estaba a punto de terminar su vida. El ser humano es una perfección, el que crea que nosotros somos los que decidimos todo es muy optimista. Hay una perfección en el aire”, reflexionó.

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