Por Ninela Teso

Con tan solo 22 años, viviendo en un pequeño pueblo de la Costa Atlántica, Agustina alcanzó el sueño de muchos jóvenes del mundo: estudiar en la prestigiosa universidad Harvard. Llena de sueños, aspiraciones y deseos, la joven se postuló en una diplomatura de liderazgo y fue premiada con una beca.

“En marzo, cuando todavía no estábamos en pandemia, me enteré por Facebook que había una beca para el programa de Liderazgo Político Público de la escuela de Gobierno de John Fitzgerald Kennedy. Entré y me fijé que no sea una fake news y apliqué. Me hicieron hacer un ensayo sobre mi vida y mi rol en la sociedad. Lo hice con mi poco conocimiento de inglés, estuve a punto de no hacerlo por ese motivo pero me animé, lo escribí y lo mandé. Al tiempo con todo lo de la pandemia y estudiando tanto me olvidé que lo había hecho”, cuenta.

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Agustina vivió hasta los 17 años en Buenos Aires, junto a sus papás y sus cuatro hermanos, asistió a la escuela pública y luego se anotó en Derecho. Su papá tuvo un problema de salud y los médicos le indicaron que cambiara su estilo de vida y fue ahí cuando decidieron irse a vivir a Santa Clara del Mar, a pocos kilómetros de Mar del Plata.

“Cuando llegué no me puse a estudiar enseguida, me dediqué a hacer diversos cursos. Hice el de bombero voluntario porque me gusta todo lo que tiene que ver con la vocación de servicio. Luego me anoté a estudiar para chef porque con mi abuela siempre compartí ese amor por la cocina. Estaba decidida a dedicarme a eso pero cuando falleció mi abuela sentí que algo en mí había cambiado y dejé de hacerlo. En el 2020 volví a estudiar derecho, buscaba algo a distancia por la imposibilidad de ir y venir de Santa Clara a Mar del Plata y me anoté en la Universidad FASTA”, revela.

El pago iba a ser una complicación porque la matrícula era costosa pero igual se anotó, a los días le llegó un mail confirmando que tenía un importante descuento y ahí fue cuando pudo ingresar. Actualmente Agustina hizo un año de la carrera en un cuatrimestre, con mucho esfuerzo y dedicándole al 100% de su tiempo al estudio. “Estoy eternamente agradecida a ese descuento que me hicieron en FASTA porque me hubiese sido imposible estudiar en una universidad privada. Ahora ya estoy cursando el segundo año a distancia y estoy muy contenta”, dice.

La joven es curiosa, el ámbito académico es lo suyo, y eso pudo demostrarlo en el ensayo que envió a Harvard que permitió que la eligieran. Contó todo sobre su mundo, con solo 22 años, tiene mucho para contar. Desde los 11 que participa de ONG’S, organizaciones políticas y le interesan los intercambios culturales. Se define como una persona religiosa, feminista y con una vocación de servicio a explotar.

Ese ensayo en un inglés rudimentario la llevó a conseguir la diplomatura de 2 años, online, gratuita y que solo debería pagar la certificación del curso una vez que lo culmine. “Cuando vi el mail no lo podía creer, nunca me imaginé que me iban a decir que había entrado. Los domingos me levanto a borrar mails y cuando ví el remitente pensé que me iban a decir que la próxima vez quedaría seleccionada pero no, me decían que había entrado. Me largué a llorar, no lo podía creer y desperté a mi mamá y a mi hermano que estaban durmiendo. No entendían nada porque no les había contado nada, mi mamá lo primero que me dijo fue cómo íbamos a hacer para pagar algo así”, comenta emocionada.

Las clases empezaron el 1 de septiembre y la estudiante se enteró de esto el 30 de agosto. “Me puse al día enseguida. Se estudia a través de una plataforma online y tiene un foro con jóvenes de todo el mundo. No tuvimos que hacer ningún tipo de intercambio aún entre nosotros ya que las clases son por videos o algunas solo con texto. Tiene seis cursos que tengo que aprobar para poder seguir becada que son: bioética, diseño de políticas públicas, derechos humanos en niños y niñas, energía y conflictos ambientales, entre otros. Lo que más me sorprendió fue el enfoque pedagógico que tiene la Universidad”, señala.

A futuro

“Ser abogado creo que es una forma de cambiar el mundo. Me gustaría poder ayudar a mujeres y niños, ellas muchas veces no pueden acceder al sistema judicial. La clave de la vida está en ayudar, veo mi vida en función de ayudar al otro”, predice Agustina.

Viajar, dar clases, seguir estudiando, la política, hacer un postgrado en Harvard, ayudar, eso y más son algunos de los sueños de la joven. Y por sobre todas las cosas brindar todo su conocimiento que vaya cosechando en su vida y en ponerlo en función de su comunidad. "Si puedo soñarlo, puedo hacerlo", concluye.

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