lunes 12 de febrero de 2024

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Sociedad

La increíble historia de una empresa familiar marplatense: de hacer alfajores para sus amigos a vender 100 docenas por día

Una frase de un amigo les cambió la vida a los Di Meglio. Crearon su propia receta de alfajores y se convirtieron en un clásico marplatense.

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Orlando Di Meglio se había dedicado toda su vida a trabajar en el sector pesquero. Pero a los 50 años decidió cambiar de rubro y tuvo la concesión de un balneario en las playas del sur. Al poco tiempo armó las valijas y se fue a probar suerte a Estados Unidos, pero no le fue bien. Volvió a Mar del Plata y no sabía qué hacer. Hasta que un día un amigo le sugirió una idea que le cambió la vida: “¿Y si probás con vender los alfajores exquisitos que hace Susana?”.

Susana es la esposa de Orlando. Ella es la protagonista principal de la increíble historia de los Di Meglio, la familia marplatense que pasó de hacer alfajores para llevar a las reuniones con amigos a montar una empresa en el corazón del Puerto y vender hasta mil unidades por día.

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La empresa nació en 2017 y la familia eligió ponerle de nombre Malfatti, una palabra de origen italiano que en español significa “mal hechos”. “Es que como hacemos todo artesanal, los alfajores no siempre tienen la misma forma. Cuando mi papá vio los alfajores por primera vez, le salió el tano de adentro y los definió con una palabra: ‘malfatti’ -recuerda entre risas Orlando-. El nombre de la empresa se remonta a nuestros orígenes de raíces italianas”.

Susana había sido ama de casa toda su vida y en su currículum solo figura un curso de bombonería en 2016. En cada cumpleaños familiar era la encargada de hacer cosas dulces y sus amigos quedaron impactados cuando probaron los alfajores por primera vez. “Era un pasatiempo para mi señora. Ella tiene pasión por lo dulce y un paladar absoluto”, la elogia su marido.

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La familia creó su propia receta de alfajores y se convirtieron en un clásico marplatense. La mano de Susana, el tesón de Orlando y la frescura de sus tres hijos (Gastón, Federico y Tomás) hacen la impronta de Malfatti.

La empresa familiar comenzó a dar sus primeros pasos en su propia casa, donde horneaban las galletas con un horno pizzero y los bañaban en la propia cocina. “Fue todo a pulmón”, dice Orlando. No exagera: los primeros pedidos de alfajores llegaron a entregarlos en cajas de empanadas cubiertos en papel aluminio porque no tenían en qué llevarlos.

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“Empezamos a venderlos en cafés y con el paso del tiempo comenzaron a pedir y a pedir. Pasamos de vender 5 docenas a 100 docenas por día. Nos dimos cuenta que esto iba en serio”, cuenta Orlando. En 2020, la familia inició el proceso de expansión: abrió una fábrica con venta al público en la zona del Puerto. “Hoy nuestros alfajores ya están en muchas vinotecas, casas gourmet, confiterías y kioscos de Alem y Güemes”, destaca.

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El secreto de la receta del alfajor, cubierto de chocolate y relleno de dulce de leche, está en los ingredientes: manteca, miel, cacao y materia prima natural. “Volvimos a la esencia del verdadero alfajor marplatense. La receta es muy vieja, como si se hubieran hecho en los años 50. Por eso son tan ricos, distintos a los demás”, dice Orlando. Susana no deja detalles librados al azar y todas las mañanas cumple con su obsesión de probar un pedacito de alfajor para hacer el control de calidad.

El alfajor, de “exquisito sabor y un tamaño “inigualable” como dicen los dueños de la empresa, pesa 100 gramos y casi no cabe en la palmo de la mano. “Ni el alajor triple pesa tanto”, aseguran.

Los productos son elaborados artesanalmente con ingredientes de primera calidad, libres de aditivos y conservantes, y son envueltos a mano. Los viejos clientes saben que deben tener paciencia y hacer los pedidos con antelación: las entregas demoran -en promedio- unos 10 días.

El reconocimiento no tardó en llegar. Malfatti ganó el primer Mundial organizado por el influencer de alfajores @alfajoresmarplatenses. Fue elegido por más de 18 mil personas como el mejor alfajor marplatense en una votación que se hizo en redes sociales.

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Pero no sólo eso: Narda Lepes, la reconocida cocinera a nivel mundial, quedó fascinada al probar los alfajores y empezó a venderlos en sus locales gastronómicos. “Son los únicos alfajores que comen mis hijos”, le dijo Narda a Orlando. Pavada de elogio.

Christian Petersen, uno de los chefs más conocidos del país, también cayó rendido ante el sabor del alfajor marplatense. En un evento gastronómico, el cocinero se cruzó a Orlando y lo señaló con el dedo: “Este señor es el culpable de que yo tenga unos cuantos kilos de más”.

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