Por Ninela Teso
nteso@ahoramardelplata.com.ar

“Nunca es tarde”.Es una frase hecha, pero cuando se tiene el valor de hacerla realidad cobra realmente sentido. Eso hizo la marplatense Alejandra Grippaldi al elegir cambiar totalmente su vida con 40 años: terminó el secundario, cerró su peluquería, se recibió de médica y se fue a trabajar a Alemania.

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A los 13 años dejé la escuela secundaria y me puse a trabajar con mi familia en la peluquería. Después entré a una muy importante de Mar del Plata, Norma Belfiore, y ahí trabajé mucho tiempo. Me casé, tuve hijos y a los 32 años ya tenía mi propia peluquería, con mucho sacrificio, y realmente me fue muy bien. Ya tenía mi salón en la calle Güemes e hice un curso con la empresa Loreal. Ahí me di cuenta que me gustaba estudiar y pensé en terminar el secundario”, cuenta la mujer.

Cuando te hace un 'click' uno se da cuenta de lo que es capaz y que no es imposible

Sin saber qué estudiar pudo terminar en tres años el secundario en un instituto que hacía el bachillerato para adultos en turno noche. “No sabía qué estudiar después pero quería tener mi título secundario y ahí sentí que había logrado algo que me colocaba en otro lugar. Cuando te hace un ‘click’, uno se da cuenta de lo que es capaz y que no es imposible. Me hizo muy bien terminar el secundario y me dio el ímpetu para ir por más”, recuerda.

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Obtuve mi título e inmediatamente quise seguir. Me anoté en la Universidad FASTA en fonoaudiología y durante ese primer año me fascinó la anatomía. Estuve estudiando mucho y el profesor que tenía me cuenta un día que se abría la carrera de medicina y que me podía anotar. Le dije ‘no, ni loca, a esta edad empezar, no me va a dar la cabeza’. Pensaba que estudiar medicina era para gente muy inteligente”, confiesa.

La psicóloga me preguntó '¿a qué le tenés miedo? Y le dije, a que no me dé la cabeza y que no pueda'

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Pero luego recibió un llamado de la Universidad donde le ofrecían estudiar medicina sin pagar el ingreso, ya que Alejandra tenía muy buen promedio. Solo había 60 cupos y al hablar con la psicóloga de la institución quien le cambió la vida, decidió ir por medicina. “La psicóloga me preguntó ‘¿a qué le tenés miedo? Y le dije, a que no me dé la cabeza y que no pueda’. Tenía tres hijos, un negocio, una familia, era grande, tantos años de estudio me daba miedo. Y ella me animó a probarme a mí misma. Rendí el examen y quedé en el puesto 30 pero tenía que pagar una carrera y trabajar, y ahí fue cuando decidí que vendería mi negocio”.

Comenzar de nuevo

“Empecé medicina y me enamoré de la carrera, de la anatomía y de la cirugía después. En el tercer año de la carrera, mi situación personal y privada cambió, y pensé en irme del país. Me costó mucho terminar la carrera porque en ese tiempo me separé de mi esposo y mi situación había cambiado completamente. No me alcanzaba con lo que me daba para vivir, así que pedí ayuda a la Universidad y siempre me demostraron que enseñan la medicina desde lo humano y no solamente con el paciente sino con el ayudar al otro. Le quiero agradecer eternamente a la decana Julia Elbaba”, asegura.

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El gran desafío que tuvo que atravesar fue saber si podía terminar la carrera en medio de ese contexto que estaba viviendo. “Recibí una beca del 50% de la Universidad y además me ofrecieron dar clases en el ingreso a medicina. Estaba en la ayudantía de anatomía y tutora de los chicos de primer año. Con todo eso casi no pagaba nada la Universidad. Y con mucho sacrificio, haciendo trabajos particulares de peluquería en casas, pude terminar la carrera en los seis años que corresponde. En diciembre de 2015 tuve mi examen final. Fue un momento hermoso, soy la única médica de la familia, estaban mis tres hijos. Después del nacimiento de mis hijos fue uno de los mejores días de mi vida”.

no tenía un peso partido por la mitad pero quería ir. Y se me ocurrió ir en verano de Argentina para alquilar mi casa

Irse a otro país

El último año de la carrera, los estudiantes realizan rotaciones tanto de especialidades como de instituciones, y ahí Alejandra volvió a pensar en irse a otro país. “Busqué una rotación optativa en el exterior, mandé cartas a Suiza y todas fueron negativas. En paralelo empecé a estudiar alemán. Tengo una prima que vive en Londres y conseguí una rotación para ir a un hospital de ahí. Todo fue por intermedio de un conocido, le pregunté la posibilidad de ir. En el servicio en el que estaba, el jefe hablaba español y hacía poco que había rotado una chica de Buenos Aires. Me dijo en qué fecha iba a ir, yo no sabía, no tenía un peso partido por la mitad pero quería ir. Y se me ocurrió ir en verano de Argentina para alquilar mi casa y con esa plata me podía ir a Londres. La alquilé rápido y le dije a este cirujano en Londres, al otro día me dice que el profesor había aceptado mi rotación. Luego me entero que ese profesor que me había aceptado era de los mejores cirujanos del mundo”.

Tras vivir en el exterior dos meses, decidió que quería irse de Argentina. Al principio pensó en quedarse en Londres pero las residencias "son muy complicadas" y por consejo de su maestro decidió irse a Alemania. “Cuando volví a Argentina le conté a mi profesora de alemán mi idea y me hizo un contacto con una médica de allá llamada Mariana Santos. Preparé todo para irme en mayo, vendí todo: muebles, zapatos, ropa. Todo para tener dinero los primeros meses. Vine el 11 de mayo del 2016 a Dusseldorf. Hice rotaciones como médica invitada y después pude seguir haciendo cosas. Tres meses en cirugía pediátrica, tres meses en cirugía general, luego en un consultorio privado”.

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Además de hacer sus primeros pasos como ayudante de médico, Alejandra debía trabajar de camarera en un restaurante italiano para llegar a fin de mes. “Tenía que rendir dos exámenes para poder trabajar de lo mío, uno del idioma bastante estricto y otro de medicina. Al primero lo desaprobé dos veces y recién pude darlo bien la tercera vez, ya era octubre del 2018. Como no podía trabajar, al desaprobar el examen pude conseguir un contrato como ayudante de médico. No sos ni enfermero ni médico, hacés de todo un poco. De julio a diciembre ganaba muy poco como asistente, terminé el contrato, volví un mes a Argentina y luego regresé a buscar trabajo como médica porque con ese primer examen aprobado ya podía ganar más plata aunque no podía trabajar del todo de médica”, cuenta.

Grippaldi actualmente trabaja en medicina del trabajo, que si bien no es lo que le gusta le permite tener un mejor sueldo, sin hacer guardias nocturnas y con un horario fijo de lunes a viernes. “Eso me permite estudiar mi examen final y definitivo donde me voy a poder recibir y trabajar de médica como si hubiese estudiado la carrera en Alemania. En este camino le quiero agradecer a la Dr. Med Nina Picker; al prof. Dor. med Wolfram T. Knoefel y a la Dr. Kathy Jalali”, comenta.

Vivir en Alemania

Las diferencias de Argentina con Alemania son abismales. Se vive sin miedo, mi hija va a la escuela sola, uno anda en la calle de noche y eso no tiene precio. El sistema educativo es muy bueno, termina el colegio con cuatro idiomas y ella no tuvo problemas de integrarse a la escuela”, dice.

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También hay diferencias en el sistema de salud. “Hay puestos de médicos casi en cualquier lado, hay mucha necesidad de profesionales. Me recibieron muy bien, en el ámbito médico somos muy bien recibidos los argentinos. La mayor barrera que hay es el idioma, yo ahora me siento totalmente integrada, pero recién después de tres años”.

No hay un límite de edad para hacer la residencia. En Argentina yo no podría hacer la residencia como cirujana porque tengo 46 años. La edad mínima es hasta los 36 o 40. Acá cualquiera puede hacer la residencia, algunos pueden tener más especialidades. Se reciben más grandes de médicos, estudian y trabajan. La edad se considera un plus y no una traba”, dice Alejandra. Y vuelve a hablar sobre su historia entre Mar del Plata y Alemania. Una historia de superación personal.

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