El próximo 15 de junio conmemoramos el Centenario de la Reforma Universitaria de 1918. Aquel movimiento de estudiantes que durante todo el año 18 se organizaron y lograron la intervención de la Universidad de Córdoba, no una sino dos veces, hasta que sus principios y valores se vieran reflejados en la conformación y en el estatuto de la vieja Casa de Trejo. Fue una gesta por abrir paso a la ciencia en la vieja universidad monástica, por la democratización de las casas de Altos Estudios, con una mirada americanista como lo expresa el Manifiesto Liminar, quizás uno de los documentos más inspiradores para los estudiantes que se haya escrito en todo el siglo XX. Tres ejes fundamentales resumen los objetivos del movimiento reformista:

  • La modernización de la enseñanza,es decir la adecuación al mundo naciente de esa universidad preexistente, elitista y aislada de los avances. Para la Reforma del 18 “modernizar” tenía dos claras vertientes: colocar a la educación a tono con los tiempos, es decir incorporar los avances de la ciencia y de la tecnología; y al mismo tiempo, ponerla al alcance de todos. Lo arcaico era la universidad para pocos. Lo moderno, la universidad gratuita y abierta a todo el pueblo.
  • Incorporar a los estudiantes al gobierno de la Universidad. El concepto del estudiante como sujeto de la educación, como demosuniversitario, es la piedra filosofal del movimiento y, sin dudas, su característica revolucionaria más celebrada y novedosa. Consciente o no, fue un anticipo de corrientes pedagógicas y políticas que, mucho más tarde, avanzarán por senderos afines, como los planteos de Jean Piaget o Paulo Freire. Lo central en ese concepto no es la actividad del docente, sino del estudiante. Esa idea incluye la democratización de la institución “Universidad”, ya que propone sea gobernada mediante autoridades electas por ella misma, con participación de todos los elementos que la integran. Desde lo epistemológico, se trata del replanteo integral del edificio universitario a partir de la mirada del estudiante.
  • La proyección política y social del movimiento.Como dice el Manifiesto de la Reforma, la lucha contra “la dominación monárquica y monástica”, contra toda tiranía, ya sea de las que encadenan los cuerpos como de las que sojuzgan las almas. Este eje busca su anclaje en la Revolución de Mayo y en la concepción latinoamericana, pero además, se proyecta en ideas de reforma social, sobre la base de que la Universidad debe contribuir a la construcción de una sociedad con mayor libertad e igualdad.

Celebramos el centenario de la gesta de Córdoba, pero es importante recordar que la vigencia e implementación de los principios reformistas, de las universidades regidas por sus estatutos y con sus autoridades elegidas democráticamente, solo ocurrió en determinados periodos del siglo XX, cuando las condiciones políticas lo permitieron. Podemos decir, que las universidades disfrutan del cogobierno, la autonomía, de manera continuada desde el 86, cuando finalizaron los procesos de normalización que impulsara el entonces presidente Raul Alfonsín. Estos órganos de cogobierno permitieron resistir el vendaval neoliberal de los 90, y son la garantía de autonomía y excelencia académica, de mejor investigación y más extensión. Honremos la gesta de Córdoba, el acontecimiento cultural educativo más importante del siglo XX en América Latina.

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