Estados Unidos está atravesando la peor inflación de los últimos 40 años y, para intentar frenar su avance, la Reserva Federal (FED) aumentó cuatro veces las tasas de interés. La última de esas veces fue el pasado miércoles en 75 puntos básicos, una medida muy agresiva. Pero muchos analistas señalan que esta desaceleración pronunciada podría conducir a una recesión económica, algo que ya anunció la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.

Según un documento publicado por este departamento, entre abril y junio la economía de Estados Unidos se contrajo de manera consecutiva al primer trimestre. El ritmo anual de contracción es del 0,9%, lo que provoca una caída considerable del PIB; dos elementos que permiten hacer una lectura sobre una recesión técnica.

Economía robusta y "aterrizaje suave"

Desde el Gobierno norteamericano no comparten este diagnóstico y, aduciendo a la fuerte recuperación del empleo y a niveles de consumo "todavía sanos", consideran que el país sigue teniendo una economía robusta.

Ésa es la misma mirada de la FED y su presidente, Jerome Powell. El organismo monetario espera realizar un "aterrizaje suave" y conseguir una desaceleración económica que logre frenar la disparada de precios pero sin acarrear una recesión.

Lo que sucede es que el informe de la Oficina de Estadísticas Laborales llega en un momento tenso para los consumidores, que se están enfrentando a los altos precios, lo que complica la adquisición y, debido al aumento de tasas de la FED, tienen menos acceso a préstamos, ya que también aumentaron sus costos.

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Elecciones de medio término

El grupo de investigación The Conference Board indicó en un estudio que las condiciones económicas a seis meses vista alcanzó su punto más bajo desde 2013.

La desconfianza de los consumidores en la economía complica al presidente Joe Biden de cara a las elecciones de medio término que se celebrarán en noviembre.

El organismo de análisis político FiveThirtyEight detalló que el mandatario cuenta con el apoyo de un 39% de la población, frente a un creciente 55,8% de rechazo. Por eso los demócratas temen perder el control de la Cámara de Representantes y el Senado.

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