El escenario electoral estuvo signado por tres elementos interconectados: una profunda crisis económica, una fuerte apatía política y un gran descontento social. Una sociedad golpeada por los efectos de la pandemia y atravesada por una falta de confianza en la clase política fue llamada a concurrir a las urnas este domingo 14 de noviembre. Y lo hizo, siguiendo la tendencia de un aumento en la participación para las elecciones generales respecto de las PASO, superando en casi 6 puntos la participación que hubo en las primarias celebradas en septiembre.

En el cierre de campaña, el Frente de Todos se mostró con sus principales referentes: Alberto Fernández, Cristina Fernández, Axel Kicillof, Sergio Massa y Victoria Tolosa Paz dijeron presente en Merlo, a tres días de los comicios. En el bunker, la vicepresidenta fue la gran ausente; cerca de las 19 horas mientras se aguardaban los resultados informó que no iba a asistir.

El principal resultado de las elecciones es la pérdida del quórum en el Senado por parte del peronismo: con seis senadores menos, el bloque oficialista quedaría con 35 bancas, dos menos de las necesarias para conseguir el quórum. Por otra parte, los resultados también arrojaron el siguiente escenario: tanto Juntos por el Cambio como el Frente de Todos lograron aumentar el caudal de votos obtenido en las PASO, aunque manteniendo a nivel nacional una diferencia, igual a la de las elecciones primarias, de alrededor de 9 puntos. Previo a las elecciones, el principal interrogante era si Juntos por el Cambio podría mantener la diferencia conseguida en las PASO a nivel nacional. Desde otra perspectiva, aunque aludiendo a la misma pregunta, se dudaba acerca de la posibilidad del Frente de Todos de recuperarse del cimbronazo del 12 de septiembre y revertir el resultado, en medio de una reestructuración de gabinete, caída en la aprobación de gestión y merma en las expectativas respecto del futuro de la economía. Tras las primarias, el gobierno desplegó una batería de medidas de tinte electoralista, necesitado de reconquistar a un electorado que le había dado la espalda. Recordemos, en este sentido, la fuga de 4.7 millones de votos del Frente de Todos entre las PASO 2019 y las PASO de este año. No obstante, en las urnas se evidenció la falta de eficacia de tales decisiones.

Si bien la elección pasó, la carrera aún no terminó. La línea de llegada sigue siendo 2023. Los dos principales espacios políticos deberán hacer frente a un doble desafío: hacia afuera, afianzar su núcleo de votantes y captar el voto indeciso; y hacia adentro, definir quién será el candidato que irá por la Presidencia. En el medio, algunos interrogantes que se desprenden: ¿podrá la coalición de gobierno mantenerse unida y garantizar la gobernabilidad de un país en crisis? ¿abandonará el radicalismo su papel secundario dentro de Juntos por el Cambio para meterse de lleno en la disputa por la Presidencia? ¿O, por el contrario, será Horacio Rodríguez Larreta quien se consolide como el principal referente político de la oposición y se termine de poner el traje de candidato presidencial de cara a 2023? En las respuestas a dichas preguntas se sostiene el escenario político de los próximos dos años.

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