Cuentan que permaneció callado, con el barbijo colocado y la mirada perdida cuando le leyeron durante más de 30 minutos el fallo de la Justicia que revocó el arresto domiciliario y ordenó su detención. Solo atinó a ponerse la capucha de la campera y le guardaron ropa en una bolsa. Enseguida extendió sus manos y le colocaron las esposas.

Federico Sasso, el joven que atropelló y mató a Lucía Bernaola (14), caminó rodeado por dos efectivos de la DDI hasta la camioneta Ford Ranger blanca de la Policía que lo esperaba en la cochera con el vehículo en marcha para iniciar el peor viaje de su vida.

“Cuidado que va a salir la camioneta”, se le escuchó decir a un policía en medio del operativo para trasladar a Sasso desde el edificio de Balcarce donde cumplía el arresto domiciliario hasta la cárcel de Batán. Fotógrafos, camarógrafos y curiosos con teléfonos celulares en mano rodearon la camioneta para capturar una imagen. El joven contempló la escena con una mano apoyada en la cara y la mirada clavada en la ventanilla. “Durante el viaje no hizo ningún comentario en particular, se quedó en silencio”, cuentan fuentes policiales.

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La Cámara de Casación Penal revocó el arresto domiciliario que Sasso cumplía en un departamento, tras ser condenado a seis años de prisión por el delito de “homicidio culposo calificado por conducción temeraria y lesiones culposas”. El joven fue detenido el 1 de septiembre y lleva casi dos semanas preso en la cárcel de Batán.

Sasso -nieto de un importante empresario de Mar del Plata- pasa la mayor parte del día encerrado en una pequeña celda individual y no tiene contacto con otros internos. Está preso en el pabellón de admisión, donde bajo un estricto protocolo cumple el aislamiento preventivo de coronavirus durante las primeras dos semanas. “Todo interno que ingresa tiene que estar 14 días en un pabellón preventivo y no presentar síntomas de coronavirus para poder estar en contacto con los otros reclusos”, explican fuentes del Servicio Penitenciario.

Sasso está solo en una celda de 2,5 por 4 metros con un pequeño baño. En las próximas horas será entrevistado y las autoridades del Servicio Penitenciario decidirán en qué pabellón lo reubicarán tras analizar su conducta. En esas entrevistas si el detenido dice tener algún problema personal con un recluso, suelen ubicarlo en otro sector para evitar conflictos.

El joven pasa sus días de encierro aislado. Según cuentan en los pasillos fríos del penal, se muestra callado, tiene buena conducta y no pone reparos a la hora de aceptar la comida que le sirven en el penal.

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El 4 de junio de 2017 Sasso atropelló y mató a la adolescente Lucía Bernaola en Alberti y la costa. El hecho ocurrió cuando un grupo de jóvenes iba caminando por el paseo costero, a la altura de Cabo Corrientes, y fue sorprendido por un auto Renault Clio que se subió a la vereda a alta velocidad y los embistió. Ese vehículo era conducido por Sasso, que en ese entonces tenía 19 años y circulaba alcoholizado.

En un primer momento, el conductor intentó darse a la fuga pero al cabo de unos minutos volvió al lugar del hecho y los efectivos verificaron que tenía 1,23 miligramos de alcohol en sangre, más del doble de la cantidad permitida en ese momento por la ley.

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Foto: Juan Mathías.
Foto: Juan Mathías.

El joven cumplirá el resto de la pena detenido en Batán. Su abogado Facundo Capparelli, que hasta el fallo de la Cámara de Casación Penal había evitado que Sasso fuera a la cárcel, apelará la decisión en los próximos días.

Verónica Borelli, la mamá de Lucía, celebró el fallo. “Alguien se encargó de que yo pueda estar en paz. Luché contra una familia adinerada y oscura. Pero por más que apelen, Sasso va a cumplir la pena donde corresponde: en la cárcel”.

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La madre recuerda que el joven cumplió la prisión preventiva en la Estación Comunal de Balcarce, donde tuvo privilegios en su encierro: no compartía el menú con los demás detenidos, jugaba a la Play Station en el departamento del primer piso que le prestaba el comisario y salía de la cárcel cuando quería.

Ante estas irregularidades, el Ministerio de Seguridad desafectó a siete policías, incluidos dos comisarios, a quienes se les atribuyó que “dejaban salir a los presos por unas horas a cambio de dinero”.

Fue la madre de Lucía Bernaola quien descubrió que Sasso salía de la cárcel. Fue el día que se escondió detrás de un árbol y lo siguió por las calles de Balcarce. Para que no la reconociera, Borelli se puso una peluca y hasta se vistió de hombre.

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