Por Mariana Gérez

En tiempos donde la baja de casos COVID permite avizorar un panorama más alentador, subyacen otras enfermedades cuya falta de controles podría tener consecuencias irreversibles. Bajo este panorama, el cáncer de mama es una de las afecciones más preocupantes.

Entre todo aquello que la pandemia nos dejó, la postergación de los chequeos médicos no es un tema menor, y son muchas las personas que pospusieron estudios e intervenciones exponiéndose a complicaciones en enfermedades respiratorias, cardiovasculares y oncológicas.

Estas últimas presentan en nuestro país una estadística de 212 casos por 100.000 habitantes, lo que ubica a la Argentina dentro de los países del mundo con incidencia de cáncer media-alta (rango 177 a 245,6 por 100.000 habitantes), situándola a su vez en el séptimo lugar en Latinoamérica y con proyección en aumento, según datos del Ministerio de Salud de la Nación.

En febrero pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró que el cáncer de mama es en la actualidad el tumor más frecuentemente diagnosticado, y la mayor causa de muerte oncológica en mujeres. Se presenta en el 12% de los casos de cáncer del mundo, es decir en 2,3 millones de mujeres al año.

En Argentina, según las estimaciones de incidencia del Observatorio Global de Cáncer de la OMS, el cáncer de mama es el de mayor magnitud en cuanto a ocurrencia. Los últimos datos, que corresponden a 2018, indican un volumen de más de 21.000 casos al año, y representa el 17% de todos los tumores malignos y casi un tercio de los cánceres femeninos.

Pese a estas cifras y datos alarmantes es una enfermedad que, detectada a tiempo, es curable en más del 90% de los casos. Por eso es fundamental reconocer las señales de alarma y concientizar sobre el autoexamen de seno, el chequeo clínico anual y la mamografía a partir de los 40 años o antes si existe algún antecedente familiar o si el médico lo considera oportuno.

Octubre es el mes para la sensibilización sobre el cáncer de mama, y paralelamente a las tan necesarias políticas públicas, la sociedad también debe focalizar su atención en la importancia que tiene la detección precoz para el tratamiento y cura de esta enfermedad.

El estado debe bregar por la prevención, así como también garantizar el acceso a controles y mamografías, fundamentalmente a mujeres de bajos recursos o sin cobertura médica. Hacen falta campañas y más educación, porque diagnosticar tempranamente es sinónimo de menos muertes.

Las estadísticas demuestran que este tipo de cáncer ya es el más prevalente en las mujeres y uno de los que más se desatendió por el Covid. Si bien aún no hay datos precisos del último año, no debería sorprender una disminución de casos, pero no es la realidad.

Como bien lo señala el Dr. Felipe Villegas Carlos, directorMédico de FUCAM AC. (México),“el cáncer de mama no se ha detenido, lo que sí se detuvo fue el diagnóstico”. Es imprescindible retomar la detección oportuna y el acceso a recibir tratamiento integral adecuado en el menor tiempo posible.

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