Cristina Fernández sorprendió con un nuevo viaje a Cuba para visitar a su hija, Florencia, que sigue un tratamiento médico. "Es una cosa muy dura todavía para mí. Porque además no está él, que era su padre, y yo me siento responsable", reveló durante una presentación de “Sinceramente”.

El 11 de septiembre, la ex presidenta voló otra vez a Cuba para encontrarse con su hija y, aunque a la Justicia le avisó que volvería el domingo 15, finalmente regresó el jueves 19 tras una nueva autorización judicial. Este sábado 28, según se anunció el día anterior, la candidata a vicepresidenta de Alberto Fernández se embarca por segunda vez en 20 días: vuela a Cuba y regresará el 7 de octubre.

Florencia está en La Habana desde marzo. Viajó para realizar un curso de cine pero no pudo concretarlo ya que sufrió una descompensación general y no tiene fecha de regreso.

Florencia tiene un cuadro complejo, según publicó Clarín. Además del linfedema, que le genera una fuerte hinchazón en las piernas, sufre un cuadro de depresión. "Es lo suficientemente importante como para que esté en Cuba alejada de su familia y de su hija", describen quienes conocen de primera mano los detalles de su salud. Además, durante los primeros meses en Cuba sufrió ataques de angustia y tuvo que ser tratada por desórdenes en la alimentación.

Los médicos cubanos que la atienden dieron pocas pistas cuando tuvieron que informar a la Justicia argentina sobre el diagnóstico de la joven. Dijeron que atravesaba un cuadro de estrés postraumático y que tenía un linfedema que era, según ellos, el principal obstáculo para viajar en avión y poder regresar a su país. Por esta última dolencia, que genera hinchazón y deformidad en los brazos y piernas, ya había sido tratada hace cuatro años y no parece ser un real impedimento para volar.

Pero lo cierto es que el principal motivo para no volver estaría más vinculado a su situación psicológica, que a sus dolencias físicas.

Desde que llegó a Cuba, Florencia es atendida en el Centro de Investigaciones Médicas Quirúrgicas (Cimeq) de La Habana. A diferencia de la mayoría de los hospitales de Cuba, este no es de acceso universal y está reservado para los altos mandos del Gobierno de ese país, sus familias e integrantes de las fuerzas armadas. En el Cimeq estuvieron Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez y Evo Morales, entre otros.

El hospital despliega un estricto sistema de silencio sobre la situación de sus pacientes. Y ese fue uno de los puntos que terminó de convencer a los Kirchner para que Florencia se atendiera allí. En la Argentina, creen, hubiese sido muy difícil mantener cierta privacidad sobre el día a día de su tratamiento. Pero no es el único aspecto que los llevó a tomar la decisión de instalarla en La Habana. Como Cuba no tiene tratado de extradición con la Argentina, la estadía allí también serviría como escudo protector judicial para la hija de la ex presidenta.

En los hechos, Florencia ya no está internada en el Cimeq. Solo estuvo en esa condición los primeros días, en marzo pasado, cuando le hicieron decenas de estudios y elaboraron un diagnóstico. Después, pasó a tener un tratamiento ambulatorio. Vive en La Habana y va todos los días al hospital donde recibe atención médica, física y psicológica.

Su madre ya la visitó cinco veces desde que está en Cuba. La que viene será la sexta del año. Pero además, viajó su ex pareja, Camilo Vaca Narvaja, con la hija de ambos, Helena. Desde que Florencia está en Cuba, el padre se hace cargo del cuidado de la hija. Cristina también pasa largos tiempos con su nieta y según contó Florencia en una entrevista que dio a fines de 2018 es una "abuela muy presente".

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