Parece una vidriera silenciosa en medio del barrio La Perla, pero en el momento en que uno se conecta a alguna de las tres entradas de auriculares que se encuentran en la fachada del local surge el sonido, completando la obra visual que se aloja tras el vidrio. Todo eso pasa en Silencio, Dispositivo Sonoro, un espacio artístico ubicado en Brandsen 3532.

Los creadores de este espacio son Facundo Pereyra y Camila Sánchez, dos artistas visuales que viven y trabajan en Mar del Plata. Ambos se formaron en establecimientos artísticos públicos de la ciudad: Facundo cursó diseño gráfico y fotografía y desde el 2003 integra el colectivo artístico Proyecto Fauna que tiene como principal radio de acción el espacio público y Camila el profesorado en educación musical y artes visuales

Silencio es una vidriera que no solo se mira, también se escucha a través de un cable que conecta a un dispositivo electrónico que intenta establecer una relación entre el adentro y el afuera desde la vereda. Ubicado en el espacio público del barrio La Perla, cerca del mar, es un instrumento que invita al espectador a la experiencia de adentrarse en un paisaje sonoro”, cuenta la artista.

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Su nombre surge en principio como tributo al disco homónimo de Los Encargados, banda liderada por Daniel Melero, pero sin dejar de lado el concepto de que el sonido no podría ser tal sin la presencia del silencio. “Es ese silencio que se produce entre la obra y el espectador inmerso en un contexto urbano lleno de sonidos y ruidos”, asegura la creadora del espacio.

Según los artistas, “Silencio” surge a raíz de dos grandes intereses. “El espacio público como escenario y trabajar con el sonido. Cuando imaginábamos el proyecto lo veíamos como una idea sencilla: la vidriera de un local con entradas para conectar auriculares, destinada a la reproducción de obras sonoras. Pero al ponerla en práctica se transformó en una herramienta de recuperación del uso de la calle las 24 horas del día, un lugar de encuentros y escenarios sonoros y visuales. Un lugar en donde a los transeúntes desprevenidos se los interpela, se los invita a adoptar un rol activo de observador para disfrutar una experiencia artística, para abstraerse unos segundos del entorno diario”, explican.

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El primer encendido del dispositivo fue hace casi tres años y la reacción de los vecinos fue diversa. “Primero generó en algunos rechazo o indiferencia, creemos que debido a que es un formato novedoso que utiliza para comunicar el lenguaje del arte contemporáneo. Luego estaba la idea generalizada de que lo que allí se presentaba estaba a la venta, no se entendía que no había un intercambio comercial. Con cada una de las propuestas de los artistas, tan diversas entre sí, surgen nuevas reacciones, porque es imposible que una obra no nos cuestione, no nos obligue a tomar una postura, a veces alegra el recorrido habitual, otras molesta. Todo esto es inevitable, está en su trayecto cotidiano cuando van al trabajo, a la playa o al hacer las compras. Está en el trayecto diario del colectivo y es difícil ignorarlo”, revelan.

Respecto a los artistas que exponen en el dispositivo no son convocados, sino que los directores del espacio tienen mucho apoyo de los artistas tanto locales como de otras ciudades y a medida que van llegando propuestas intentan darles un ordenamiento. “Nos acercan proyectos de todas las disciplinas y es inevitable hacer una selección de las propuestas que mejor se adaptan al formato de Silencio”, sostienen.

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Durante la cuarentena el espacio siguió funcionando como habitualmente lo hacía. Está a cielo abierto, no hay problemas de implementar el distanciamiento, ya que no es necesario interactuar con otra persona, cada uno lleva sus auriculares para conectarse y no es necesario tocar nada. “Incluso en los primeros meses de aislamiento estaba dentro del trayecto permitido del barrio. Nunca dejó de funcionar. Se mantuvo encendido las 24 horas al día sin interrupciones. Fue el único espacio que pudo seguir exponiendo en la ciudad. Nos interesa intervenir el espacio urbano, brindar una puerta de acceso al arte contemporáneo”, dijeron.

En tiempos de tanto ruido extraño y falta de conexión, este “Silencio” invita a abrir todos los sentidos.

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