A partir de este viernes, todos los fines de semana de enero y febrero Virginia Lago y Héctor Giovine se presentarán junto al músico Mario Corredera para poner en escena “Gracias, María Elena”, una propuesta artística que recupera parte de la obra de María Elena Walsh, especialmente sus piezas de music-hall y varieté.

En Villa Mitre –Lamadrid 3870- los viernes, sábados y domingos a las 21.30, los artistas darán vida a una selección imperdible sobre una de las más importantes compositoras e intérpretes de nuestro tiempo, y que falleció hace 10 años dejando una impronta imborrable.

La pareja, que desde hace más de 30 años forma parte de la temporada marplatense, se mostró entusiasmada con la oportunidad de reencontrarse con su público en un espacio tan particular, como es el caso de la casona que funciona bajo la órbita de la Secretaría de Cultura.

Al respecto, Héctor Giovine aclaró que están muy contentos con empezar las presentaciones en este escenario. “Entendemos que esta no es una temporada, es una batalla en todos los rubros. Además de los barbijos, el alcohol en gel y la vacuna, con el arte y, en este caso, con María Elena, colaboramos con otro tipo de vacuna: el arte en cualquier manifestación hace que el mundo no esté más loco de lo que está. Es lo que nos salva”.

-¿Cómo es este nuevo comienzo de la obra “Gracias, María Elena” en Villa Mitre?

Virginia Lago: -Nosotros queremos mucho a Mar del Plata. Venir fue una decisión muy amorosa y que tomamos apoyados por nuestro amigo Carlos Rottemberg, otro que apuesta constantemente. Habíamos debutado en el Séptimo Fuego y con los cambios de horarios se complicó el desarrollo. Pero fue muy gratificante que Carlos Balmaceda nos haya propuesto venir a este lugar soñado. Creo que no hay mejor lugar que este para hacer “Gracias, María Elena”, es alucinante.

Esta es una puesta diferente sobre la obra de María Elena Walsh…

Héctor Giovine: -Es un armado que hice con parte de la obra de María Elena donde está fundamentalmente presente el music hall y el varieté, ese es el espíritu del espectáculo. Algo que a ella le gustaba mucho; tanto es así que hizo una canción hermosísima: El viejo varieté. Pero además por haberla conocido, Virginia ha sido muy amiga de ella, sabemos que estaba chocha cuando hizo la temporada en el Maipo bajando de la escalera con las plumas y toda esa atmósfera que le encantaba. Nosotros no usamos las plumas, pero el espectáculo tiene ese clima.

-¿Creen que el aspecto más importante de la obra de María Elena Walsh es esa posibilidad de resignificarla en las diferentes etapas de la vida?

Héctor: -Claramente, la gente que ha crecido con las canciones para chicos de María Elena de pronto ahora ya grandes encuentran que esas canciones que son para chicos cobran otros sentidos. Aun las canciones, los poemas, por la aparente inocencia, ahora vistas de otra manera tienen otro significado, uno encuentra que está hablando de otra cosa y eso tiene un valor bárbaro.

Virginia: -Héctor propuso, además, esta selección de textos de María Elena que de pronto cuando eras chica o adolescente parecían más inocentes, pero ella no hace nada inocente, todo lo hace con una motivación bien clara, con un mensaje bien particular. Por eso, María Elena modifica, es abrasadora, es curiosa, despierta inquietudes, nadie sale indiferente de la obra de María Elena.

¿Cómo es relacionarse hoy en día desde la interpretación con una obra tan vasta y tan diversa?

Virginia: -Es totalmente enriquecedor, porque en esa diversidad hay una maestría impresionante y desde muy pequeña. Ella saca su primer libro de poemas, Otoño imperdonable a los 15 años. Un día se encuentra en la calle con Neruda y le da el libro, fue algo maravilloso para ella, que era muy chica. Y él llega a su oficina, se lo lee y queda loco con ella. Lo mismo que Juan Ramón Jiménez, alguien que la encaminó y que fue un segundo padre para ella, en su vida y en su obra. Es una mujer de una ética fantástica, a veces dura, pero nunca agresiva.

Héctor: -Claro, con mucha ternura y nunca desde un escalón arriba nuestro. Está al lado nuestro, no está con el dedito levantado: nos acompaña y, de pronto, nos advierte que hay algunas cosas en el camino que pueden molestar, pero lo hace al lado nuestro, y con una enorme ternura. Si es áspera, es porque era necesario serlo.

¿Qué devoluciones recibieron de esta puesta en los primeros encuentros con el público?

Héctor: -¡Es una fiesta!

Virginia: -Es maravilloso. La gente se exalta con María Elena, y es un espectáculo que lo hacemos con todo nuestro arte, con toda nuestra entrega, nuestra pasión por poder compartir a María Elena. Y, además, que Héctor le haya puesto al espectáculo “Gracias, María Elena”, me parece fantástico. Dar gracias es algo muy bueno. Ella dice en una canción “tengo tanto que agradecer a quién me dio de beber cuando de sed me moría. Agua en jarro, gusto a pozo, pero río caudaloso me parecía”. ¡Mirá las cosas que dice!

Héctor: -Agradecer es muy significativo en este momento, cuando todo es tan confuso, tan grosero. Convivir con la grosería es muy feo y María Elena es exactamente lo contrario: Nos defiende de esa grosería, que hace mal a la vida. Ella nos enriquece, nos protege, nos hace mejores. Todos los grandes nos hacen mejores.

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