viernes 12 de abril de 2024

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora Mar Del Plata. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
SOCIEDAD

Lanchas amarillas: "Quedamos 10 o 12 que salimos a pescar, cada vez somos menos, y da impotencia"

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora Mar Del Plata. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

Vicente Galeano no tiene necesidad de hacer cuentas, revisar almanaques ni forzar memoria. Le resulta fácil definir el tiempo que lleva como pescador embarcado, durante las últimas décadas al timón de una de las lanchas amarillas. “Toda la vida”, asegura uno de los referentes de la Banquina Chica donde estas embarcaciones que son emblema y síntesis de la historia del Puerto de Mar del Plata sienten el riesgo de extinción.

Quedan 16 o 17 amarradas a muelle. “Solo 10 o 12 salen a pescar”, asegura Galeano, uno de los más veteranos en la actividad, ya jubilado pero con habilitación para continuar con esa costumbre de acomodar artes y zarpar de madrugada, en verano e invierno por igual.

“Hasta que no lo veo no creo nada, y menos en nuestro país. Viste lo que somos, que hoy te dicen blanco y mañana negro”, asegura cuando se le pregunta por el proyecto, uno más, que acaba de ingresar al Concejo Deliberante para consolidar políticas de protección para estas embarcaciones y de estímulo para esta flota pesquera.

Está al frente de la lancha “Don Nino” y palpita, de reojo porque los años pasan, las compañeras se pierden y las soluciones no aparecen, esta historia de una comisión multisectorial para proteger a estas embarcaciones. La Fundación Fauna Argentina fue la última en acercar una iniciativa tendiente a generar políticas de protección y estímulo, para que puedan navegar, comerciar pescado fresco que captura y permanecer como parte de la postal del puerto.

galeano.jpg

“Si la trabaja el dueño y te hacés todo como hago yo, que hago las redes porque si no lo tengo que pagar afuera, es rentable, vivís”, dijo. De otro modo, aseguró, no alcanzan para cubrir los costos, que de por sí hay altos y se agravan con la inflación.

Reconoció que la sensación que siente con sus pares, con quienes comparte horas en las salidas a la pesca y otras tantas en la banquina, con preparativos para salir al mar el día siguiente, es “siempre de impotencia”.

En declaraciones a Teleocho Informa confirmó que el sistema les fue comiendo parte de sus posibilidades hasta reducirlos a salidas muy breves, diarias y sin posibilidad de pasar la noche en el mar. “Acá si no pescás, a tu casa no te llevás nada. Si no traemos pescado a tierra, nadie te va a decir tomá. Y tampoco quiero nada de nadie, quiero que nos dejen ir a trabajar tranquilos”, argumentó Galeano, uno de los apellidos con más historia en el puerto.

La situación a la que han llegado, dijo, es de costos altos que a veces permiten solo igualarlos con los ingresos. Son embarcaciones con permiso para salir por un máximo de 24 horas. Pero se queja porque las exigencias son similares a las de buques de alta mar.

galeano 1.jpg

“Tenemos 24 horas para estar en el agua. Salimos a las 7 y a las 3 de la tarde estamos. Y tenemos los costos de un barco que se queda siete o diez días”, dijo y citó la obligación de incorporar dos balsas y trajes de inmersión como deben cumplir buques de mayor porte y con mayor capacidad de rentabilidad. “Aquí todo es planta, con mantenimiento todos los años, y todo sale de acá, de la bodega”, afirmó.

Las lanchas amarillas son motivo de preocupación del Ejecutivo local y distintas instituciones que son parte de la comisión creada en el Concejo Deliberante para mostrar interés en ponerlas a salvo, generar iniciativas y que ya no se pierda ni una más.

La última correspondió a la Fundación Fauna Argentina que busca su preservación y maneja alternativas para devolverles potencial y capacidad de pesca a esta flota. Propuso, entre varios artículos, permitirles venta de pescado fresco en puestos a cielo abierto, exenciones impositivas y otros beneficios más. Galeano no sabe si la iniciativa podrá prosperar. "Solo quiero que nos dejen ir a trabajar", reclama, harto de trabas. Y sabe que su historia de más de 60 años arriba de estas lanchas tiene un único final: "yo me voy a morir acá", dice, y señala la cubierta de la Don Nino.

Dejá tu comentario

Te puede interesar