Roy Harley había cumplido 20 años y era un hábil wing que pesaba 85 kilos cuando se subió al avión con sus compañeros del equipo de rugby para competir en Chile. Apenas 38 marcó la balanza, 70 días después, luego de ver morir a varios compañeros tras la tragedia aérea en la Cordillera de los Andes y el milagro de ser encontrado con vida cuando el mundo los había dado por muertos.

“Era mi primer viaje en avión: nunca me había subido a un avión comercial. Era mi primer contacto con la nieve y con las montañas”, recuerda uno de los sobrevivientes de Los Andes, que desempolvó y compartió algunas fotos inéditas de aquellos días en la montaña, congelados pero con fortaleza para apoyarse unos a otros ante la inmensidad y desolación que los rodeaba.

Pasó 15 días en estado crítico en el hospital, según cuenta a Infobae en una extensa nota en el que vuelve recordar detalles de aquellos casi dos meses y medio en los que la muerte los tenía apuntados. “La verdad que yo volando en este avión al lado suyo estoy muy tranquila porque sé que es muy difícil que usted se caiga dos veces’”, le dijo una mujer con la que compartía vuelo.

los andes 1.png

Aquel accidente ocurrió el 13 de octubre de 1972. El vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que transportaba a 40 pasajeros y 5 tripulantes no llegó a destino. Se desplomó a unos 3600 metros por sobre el nivel del mar, en la provincia de Mendoza.

Dice que cuando lo encontraron los rescatistas tenía un solo zapato, unos 60 dólares en el bosillo y siete fotos en el rollo de la cámara de fotos que le había prestado su padre. Tiempo después recordó que algunas había tomado. Y decidió compartirlas.

“Nunca había visto nieve en mi vida, nunca había estado en una montaña. Toda esa tragedia, ese horror, ese infierno, pero a la vez veía cosas que me impactaban”, dijo. Una de las fotos la tomó el segundo día, cuando ya convivía con compañeros fallecidos y la esperanza de un milagro que los saque de ahí con vida. Se subió al fuselaje y tomó el trayecto que hizo el frente del avión: desde el centro de las montañas y el deslizamiento por la nieve. Después de ese día guardó la Olympus entre los hierros retorcidos de la aeronave

La cámara en ese momento era alta tecnología. "Era la máquina de papá, esa que tanto cuidaba, que tanto la quería y que yo se la había perdido en la Cordillera", contó. La conservó en un hueco del avión destruido. Era el segundo día y creía que tenía que registrar la huella del aterrizaje. Se subió al fuselaje y disparó contra el surco que fue dejando el avión mientras se deslizaba por la nieve.

los andes 2.png

Del accidente recuerda el avión venía descendiendo con los motores moderando. “En un momento sentimos los motores a fondo como pidiéndole subir hasta que de pronto pega de panza contra la montaña. Se parte a la altura de las alas. Desaparece la cola y queda nada más que la punta del avión. Toda la gente que iba de las alas para atrás se muere”, dijo.

Los que estaban de las alas para adelante quedaron allí. “Enseguida empezaron los gritos. Sentía por abajo manos que me agarraban el pie. Había quedado apretado, no podía salir”, relató. “No entendíamos lo que había pasado. No sabíamos si era un sueño o era real. ¿Esto es un chiste? ¿Será cierto lo que estamos viviendo?”, dice que se preguntaron.

Allá, en los Andes, cuando caía la tarde se metían dentro del avión para resguardarse del frío y del viento. Durante el día, los expedicionarios caminaban, los médicos cortaban carne y otros fabricaban agua ofreciéndole hielo al sol. “A la noche rezábamos el rosario y después cada uno contaba su historia y hablaba de su familia”, describió.

Eran 27 sobrevivientes aquella primera noche. “Si el infierno existiera, eso fue el infierno”, resumió. Durmieron como pudieron, abrazados unos con otros. Recién el sábado 23 de diciembre los rescataron. Pasó 15 días en estado delicado en el hospital. El 15 de enero de 1973 volvió a su casa en Uruguay con los 63 dólares y la cámara Olympus, que ahora es parte de la colección permanente del Museo Andes 1972 ubicado en Montevideo.

Comentá y expresate