Por Juan Pablo Fioriti

Pasan la mayor parte del día encerrados en una pequeña celda que comparten en el pabellón C de máxima seguridad de la cárcel de Batán. No tienen casi contacto con otros internos. Y entre las visitas familiares que reciben dos veces por semana, la más recordada es la del día que fueron a verlos sus novias por primera vez al penal. No es un dato menor: los tres están acusados de violar a una chica de 14 años en el camping El Durazno de Miramar.

Lucas Pitman (21), Tomás Jaime (23) y Juan Cruz Villalba (23) llevan 62 días detenidos en una celda de Resguardo de Integridad Física, que tiene mayores medidas de seguridad. La decisión fue tomada por el juzgado que entiende en la causa.

Cuentan que durante los primeros días de encierro los tres presos caminaban con la cabeza gacha cuando salían de la celda. Se mostraban callados y uno de ellos pidió la atención de un psiquiatra.

La amistad entre los jóvenes se fortaleció en la cárcel y mantienen una buena convivencia. “Se nota que son muy amigos y se contienen cuando alguno se bajonea, aunque en general están de buen ánimo”, comentan en los pasillos fríos del penal. Los tres reparten su tiempo entre lecturas de libros y revistas y se aferran a la religión (desde la católica hasta la evangélica).

También aprovechan para hacer actividad física en el pabellón, pero no tienen acceso al gimnasio de la cárcel y entrenan con los pocos elementos que les dan. “Los tres se encuentran en buen estado físico”, dicen.

Los momentos más esperados de la semana se dan los lunes y viernes, días en que reciben la visita de sus familiares, novias y amigos. Por la medida judicial de resguardo físico, los encuentros ocurren en días distintos a los establecidos para el resto de los internos. Los familiares les llevan ropa y comida, aunque comen sin reparos los platos que les sirven en el penal.

Pitman, Jaime y Villalba comparten una celda en el área I de máxima seguridad, un sector donde están los presos que fueron trasladados de las comisarías. Por la modalidad del pabellón, no acceden a ninguna actividad que se desarrolla en la alcaidía penitenciaria.

Los tres jóvenes -imputados por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado”- están ansiosos y no ven la hora de recuperar la libertad. El juez de Garantías Saúl Errandonea les otorgó la excarcelación extraordinaria, pero continuarán presos hasta que la Cámara de Apelaciones de Mar del Plata se expida. La medida fue apelada por la fiscal del caso Florencia Salas y no se hará efectiva hasta que quede firme.

El ADN encontrado en el cuerpo y la ropa de la chica violada en el camping de Miramar durante los festejos de la noche de Año Nuevo pertenece a Pitman y a otro amigo joven de la víctima, que no fue denunciado y que declaró como testigo.

En la causa también están imputados Roberto Costa (21) y Emanuel Díaz (23), quienes recuperaron la libertad el 22 de enero luego de que no fueran identificados por la víctima en un reconocimiento fotográfico en Cámara Gesell.

Mientras la decisión sobre la excarcelación está en manos de la Cámara de Apelaciones, Pitman, Jaime y Villalba pasan sus días de encierro aislados, la mayor parte del tiempo están en su celda y casi no tienen contacto con otros internos. “El Servicio Penitenciario se ha preocupado mucho en cuidarlos. No les pasó nada”, dice uno de los abogados de los detenidos.

Los familiares siguen de cerca cada novedad de la causa, cuestionan el tratamiento de la noticia que le dieron al caso los medios desde que se conoció la denuncia de abuso y reclaman la libertad de los tres jóvenes.

En una mañana calurosa de enero, mientras los detenidos bajaban custodiados por la Policía para declarar en Tribunales ante la fiscal Salas, el grito de uno de los familiares se escuchó con fuerza: “Chicos, son inocentes”.

Colaboró: Juan Arano.

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