Por Ricardo Juan

Carlos De los Reyes se despierta a las 3 de la mañana. No puede dormir de corrido porque algo lo perturba: no encuentra la manera de pagarle los 36.814 pesos de honorarios al abogado que evitó una de las peores derrotas de la historia de Al Ver Verás. Ganó un juicio contra un arquero que seis años atrás se había lesionado la rodilla jugando para la Primera y decidió iniciar acciones legales. De los Reyes, el presidente del club, está agradecido con el abogado porque hizo un buen trabajo. Pero en la caja no hay un peso y no tiene chance de sacar un crédito. En medio de la oscuridad, con los ojos abiertos y la cabeza apoyada en la almohada, su mente se ilumina.

―Hola, Carlos, ¿me conseguiste algo?

―Mirá, anoche estuve pensando y la única posibilidad es que yo te entregue mi coche. Vos después hacé lo que quieras.

―¿Tenés idea cuánto puede valer?

―Tratá de agarrarlo porque no hay otra cosa, no tenemos un mango.

La cupé Sierra XR4 blanca modelo 90 tiene 15 años pero está impecable. De los Reyes, que la tiene casi desde cero kilómetro, la adora. La compró cuando trabajaba en la construcción para darse un gusto y la disfrutó junto a su esposa y sus dos hijos, con viajes a Tres Arroyos y a Olavarría para visitar parientes.

Cuatro horas después del llamado telefónico, el abogado llega a la casa de De los Reyes acompañado por un gitano. El comprador se convence enseguida y la operación se concreta. De los Reyes no lo demuestra pero por dentro sufre: siente que se le va una parte de la alegría de su familia. Mientras tanto, en un papel y con letra manuscrita, el abogado escribe que Al Ver Verás ya no le debe nada.

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Foto: Gentileza Diego Izquierdo
Foto: Gentileza Diego Izquierdo

Carlos De los Reyes tiene 73 años y hace 40 que está en Al Ver Verás. Es hijo de Héctor Jacinto De los Reyes y Alicia Castillo, dos revolucionarios. Al igual que su padre, que estuvo preso en el año 49, cuando era secretario de la construcción, Carlos se dedicó a la albañilería y adhirió al comunismo, aunque guarda ciertas diferencias con el partido. "Se equivocaron en un montón de cosas. Pero yo seguí mi instinto más que mi pensamiento. Me gustan muchas cuestiones. Yo soy inmanejable, lo que pienso lo hago, no pido explicaciones. Si un defecto tiene el ser humano es que se la pasa quejando, le echa la culpa a todo el mundo y las cosas simples, las que tiene que hacer, no las hace", explica.

"Empecé a laburar a los 7 años, yo no pude ir a la facultad. Nosotros pasamos las mil y una. La universidad mía fue la calle", dice De los Reyes, que se hizo su casa con un crédito del Banco Provincia cuando terminó la colimba. "Tuve un reparto de Sancor, aunque el oficio mío era albañil y puse una empresa, hasta que llegó el Rodrigazo y dije: 'Nunca más'", recuerda.

Llegó al club en el rol de padre, convencido por su amigo Mauricio Ugozzoli, que le insistió para que lleve a jugar a los hijos, que habían pasado por Almagro y San Lorenzo. En el "Duende", De los Reyes encontró su lugar en el mundo: armó las divisiones inferiores, dirigió la Primera y se convirtió en presidente. "Es un animal del laburo, una bestia. Es uno de los dirigentes que más valoro y que más quiero porque le puso el cuerpo a Al Ver Verás. Le dio todo, prácticamente vive ahí. Con las manos de él levantó los paredones de la cancha, la pinta, corta el pasto. No sobran los dirigentes en los clubes, por lo menos en los amateur, y el tipo le puso el pecho a esa soledad y terminó haciéndose cargo absolutamente de todo", cuenta Sebastián Arana, un periodista que conoce como pocos el mundo del fútbol de Mar del Plata.

La labor de contención social que realiza desde hace décadas le valió a De los Reyes el respeto del barrio Las Heras. "Les dio lugar a todos, siempre tuvo un vaso de leche para el chico o la chica que lo necesitó", explica Arana. "Tengo siempre muy presente una frase de él, que dice que Al Ver Verás es una trinchera para pelearle a los males de esta sociedad. Y tiene razón", concluye.

Alberto Páez, que dirigió la Primera de Al Ver Verás durante cinco años hasta el 2018, no se olvida nunca del día en que el viento tiró el paredón de la cancha: "Carlos estaba recién operado del corazón y tenía que hacer reposo. Pero, apenas se enteró de lo que pasó, se fue hasta el predio a levantar todo", relata. "Cuando te dan ganas de bajar los brazos, Carlos va y arranca de nuevo", agrega.

De los Reyes tuvo dos hijos con Rosa De la Vega, su compañera de vida que falleció el año pasado. Ambos están radicados en La Plata: Héctor Sebastián se desempeña como perito primero del laboratorio pericial, mientras que Leonardo Martín es paleontólogo y trabaja en el museo. "El club me ayudó a educar a mis hijos, que sepan quién se caga de hambre, quién no tiene unas zapatillas. Y son dos profesionales que tienen objetivos, trabajan mucho. Yo me voy de este mundo tranquilo. Todas las que nadie pudo hacer, las hice yo", resume.

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Foto: Gentileza Diario La Capital
Foto: Gentileza Diario La Capital

En el predio de Al Ver Verás, ubicado en Tettamanti y Mario Bravo, las chicas de los barrios Las Heras, Parque Hermoso y Parque Palermo tienen su espacio para practicar hockey de forma gratuita. Por pedido de De los Reyes, que quería promover el deporte, el Emder designó hace 7 años a la profesora Natalia Radicioni, que les enseña y las contiene.

"Carlos considera que el club es uno de los únicos y pocos medios que tienen los chicos de salir de situaciones de violencia que pasan en sus casas y a veces de abandono. Es una forma bastante positiva de prevenir las adicciones y que los chicos entren en situaciones delictivas", cuenta Radicioni.

La pandemia interrumpió el proyecto y profundizó las situaciones de vulnerabilidad. Varias chicas que practican hockey en el club, y que apenas superan los 12 años, quedaron embarazadas en los últimos meses. "Es una situación que yo he acercado como una inquietud personal. Es algo que me preocupa: cada vez que la actividad se suspende por un tiempo prolongado, pasa esto: tengo 4 o 5 alumnas que quedan embarazadas", revela la profesora de educación física.

Radicioni remarca que las chicas no quedan embarazadas de forma accidental, sino que buscan esa situación para aferrarse a algo que les pertenece. "Para los chicos y para mucha gente, que está en situaciones vulnerables o quedan fuera del sistema, la única forma de sentir que algo les es propio, es tener un hijo", analiza.

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Foto: Gentileza Diario La Capital.
Foto: Gentileza Diario La Capital.

El predio de Al Ver Verás sufrió reiterados robos en los últimos años. De los Reyes instaló cámaras y alarmas para contener la situación, pero nada dio resultado. "Me duele porque se equivocan de lugar. Igual, a los que dicen que hay que matarlos a todos, les pregunto qué harían si no tuvieran para comer. El hambre se ve en las caras de los chicos, es muy duro lo que pasa en el barrio".

De los Reyes les inculca a los chicos que hay que ser honesto y que los van a recordar por ser buenas personas. Les pide que esquiven las drogas, que no roben. Muchos lo siguen y le hacen caso. Otros no pueden tomar ese rumbo. "Hay chicos que murieron porque han ido a robar. Otros están perdidos en la droga. Él no los pudo sacar y sufre y se reprocha por eso. Siente que era su deber sacarlos y que no pudo. Con los robos también se siente culpable de no haber podido ayudar a esas personas. El entiende que lo hacen por necesidad. Carlos nunca va a juzgar, siempre dice: "Andá a saber si comió, cómo la pasaba", cuenta Nahuel Esteche, actual jugador de la Primera de Quilmes de Mar del Plata, formado en Al Ver Verás.

Esteche tenía 7 años cuando conoció a De los Reyes por intermedio de un vecino, que decidió llevarlo a Al Ver Verás. "Lo tuve de técnico muchos años en inferiores y después tuvo un gesto conmigo muy grande, como ha hecho con varios. Yo me fui de la casa de mis padres con 13 años, por diferencias, por cosas que a uno no le gustaría para el futuro o para su vida. Me fui a vivir con un hermano y me apoyé en Carlos, que siempre fue muy psicólogo. Imaginate que no era fácil para mí, tan chico y lejos de mis padres. Me aconsejó mucho, me dio trabajo en el club y me enseñó lo que es la mano de obra", recuerda.

"¿Viste cuando tenés problemas en tu casa que no querés llegar? Carlos se daba cuenta, percibía todo. A varios nos inculcó valores de vida que hoy mantengo", remarca Esteche, de 28 años. "No te digo que es un formador nato de jugadores, pero sí te forma mucho en la vida. Si no ibas a entrenar, te iba a buscar, te preguntaba por qué faltaste, si habías comido. Yo nunca me compré un par de botines, siempre me los han regalado, o me los compraba él".

A los 16 años, Esteche dejó el colegio para trabajar, pero De los Reyes le insistió para que retome la escuela: "Me anotó en el Galileo Galilei. Me compró los útiles, me pagó la matrícula y después las cuotas. Respetaba mis horarios: quería que vaya al colegio, que vaya a casa a comer, y después a entrenar y a trabajar", explica. "Me insistía con que termine el secundario, pero es algo que me quedó pendiente", lamenta.

En la actualidad, Esteche tiene una pequeña empresa de durlock y le da trabajo a cuatro jugadores de Al Ver Verás. "Son más chicos que yo pero los tomo como amigos. Los miro y son un ejemplo para mí, porque con Carlos han aprendido valores que poca gente tiene hoy en día. A mí, lo que me llevó a progresar es lo que me dejó él", concluye.

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De los Reyes tiene 22 años y es el tercer arquero de Boca de Mar del Plata. La lesión del "1" titular le da la chance de jugar al arquero suplente, mientras él tiene su lugar en el banco. El rival es Aldosivi, que en 15 minutos le mete tres goles a Boca, con una actuación para el olvido del arquero. El entrenador decide intervenir antes de que sea una goleada catastrófica y llama a De los Reyes para que reemplace a su compañero. "Fue mi debut en primera. Atajé bien, el partido terminó como estaba: 3 a 0", cuenta.

Al partido siguiente, Boca debía jugar por la última fecha contra Kimberley, que peleaba el campeonato. Si empataban, el título quedaba en manos de San Lorenzo. Ser parte de la definición del torneo era una motivación para De los Reyes, que ya se sentía titular. Sin embargo, el viernes previo al partido, su nombre no figuraba en la pizarra. "Parece que habían hecho un arreglo para pagar el yeso del club, que quedaba en Juan B. Justo e Independencia, y pusieron al arquero que habían sacado. A lo mejor él no tenía nada que ver, pero a mí no me gustó y me fui. Ahí terminó mi carrera".

El joven De los Reyes se sintió defraudado y entendió que las cosas, en su vida, nunca iban a ser fáciles. "Desde que nací, esas cosas jamás me gustaron. La falta de la palabra... Tengo 73 años y casualmente, hablando el otro día con mi hermana, le dije que lo único que le pido a la vida es morir como pensé. Yo a los valores, a la amistad y a la palabra, las he respetado siempre".

A 51 años de aquella frustración, De los Reyes continúa con los principios inalterables. El camino recorrido le deparó satisfacciones y amarguras, pero nunca se desvió de su sentimiento visceral de intentar construir un mundo más justo. Desde su lugar, en silencio y sin pedir nada a cambio. Al Ver Verás, el fútbol y el barrio se lo agradecen.

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