Con cuatro presidentes en algo más de tres años y medio y una gestión cargada de conflictos y turbulencias, el Ente Municipal de Turismo (Emtur) y su seguidilla de tropiezos vuelve a ser noticia con abrupto cambio de autoridades cuando la ciudad recibe a los últimos visitantes de estas vacaciones de invierno.

La reciente salida de la titular del organismo, Graciela Magnoler, decidida este miércoles por el intendente Carlos Arroyo luego de diferencias en la resolución de cuestiones vinculadas a Playa Grande, se suma a este serie de complicaciones que expusieron al ente que administra, ordena y promociona la oferta turística local, uno de los activos y fuente de ingresos más importantes que tiene este distrito.

Por lo menos cinco errores graves se señalan a esta última administración que tuvo el Emtur en la actual gestión que gobierno, que había comenzado con el organismo al mando de Emiliano Giri, reemplazado luego por Mario Marcchioli.

*San Patricio en calle Olavarría

El Emtur promocionó y organizó, con un presupuesto de medio millón de pesos, la tradicional Fiesta de San Patricio en el circuito que las cervecerías conforman sobre calle Olavarría. Se pensó en puntos de venta de bebidas y shows musicales en vía pública. Pero fue Inspección General del municipio la dependencia que advirtió la prohibición por ley provincial del expendio de alcohol para ser consumido fuera del establecimiento y otra restricción local para la presencia de “foods trucks” o puestos de comida móviles allí donde hay locales gastronómicos. Magnoler no tuvo más alternativa que suspender el evento.

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*El gimnasio de cemento en Playa Grande

El concesionario lo presentó como una gran inversión que aportaría calidad y servicios para que el lugar tuviera vida los doce meses del año. A medida que la construcción tomó presencia, asomaron los cuestionamientos al gimnasio que a fines de 2018 se construyó Playa Grande. Tenía planta baja y primer piso, algo inédito para un desarrollo sobre el sector de arena, reservado a espacios de sombra e intervenciones menores. Tras los cuestionamientos, la titular del Emtur debió disponer la demolición del edifico que el organismo a su cargo había autorizado.

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*El silencio en la entrega de premios Estrella de Mar

El formato de la última ceremonia para entrega de los premios Estrella de Mar, distinción que reconoce a espectáculos y artistas que participan de la temporada teatral marplatense, se cuestionó en principio por una innovación en el formato. Se dejó de utilizar el tradicional escenario de una sala por otro en el centro de la sala, con los invitados sentados alrededor.

Pero su desarrollo tuvo otra crítica adicional y que ganó títulos periodísticos nacionales: se impidió a los ganadores disponer de micrófono para agradecer el premio. Para algunos fue un modo de silenciar eventuales críticas hacia la política cultural oficial. Desde el Emtur aseguraron que fue para ajustar tiempos y lograr que todos los premiados tuvieran presencia en la transmisión televisiva, que fue edicata y en diferido. El empresario Carlos Rottemberg, al advertir la modalidad, se retiró de la sala aun cuando estaba designado para entregar uno de los premios.

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*El Rancho Móvil en modo country

El predio en la zona Sur, con el mar al pie del acantilado, comenzó como un espacio para los amantes de escapadas en casillas rodantes. Lo bautizaron Rancho Móvil. Pero pronto comenzaron a establecerse algunas propiedades. Desarrolladas con contenedores o directamente con cimientos, asomaron inmuebles que nada tenían que ver con el origen del proyecto y mucho menos con el permiso que se había otorgado para el lugar. Por si fuera poco, entre los propietarios de las vivientas cuestionadas había personajes vinculados a la actividad política local.

Debido a las denuncias de los vecinos y constatadas las irregularidades, el gobierno municipal dispuso dar de baja el permiso de uso a la entidad que administraba el predio y ordenó desmantelar todo lo allí montado o construido.

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*Cocheras y boliches de Playa Grande

Un doble conflicto arrastra el Emtur en torno a algunas de las concesiones de Playa Grande, Hay una batalla judicial entre dos concesionarios que tienen proyectos que por cierto no tienen que ver con el uso original que se autorizó a esos espacios: locales bailables. Permitir o no que las actuales cocheras se conviertan en discoteca es uno de los dilemas.

Pero el fusible que selló la suerte de Magnoler fue el uso de espacio público que estaba haciendo Bruto, con vallas sobre el corredor interno del denominado “Paseo Gastronómico” de Playa Grande. Una ordenanza prorrogaba ese permiso y fue el intendente Arroyo quien resolvió vetarla.

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