Estamos disfrutando de uno de los shows más soberbios de la naturaleza: los colores del otoño. Para leer esta nota recomiendo una breve pausa e ir hasta el reproductor de audio y poner “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi, para completar la puesta en escena invitando a otro de nuestros sentidos: el del oído.

Antes de pasar al meollo de esta columna me gustaría establecer algunos conceptos siempre discutidos pero finalmente aceptados sobre esta estación, que a algunos pone tristes y no les gusta. Es cierto, es una época melancólica pero ¿acaso no hay belleza en la melancolía? ¿Qué sería del tango sin la añoranza y qué del período azul de Picasso? Amy Winehouse estando inmersa en ese estado nos regaló las más bellas melodías de soul. Y la lista es interminable. El otoño es la primavera del invierno, es una época de temperaturas amables, donde el frío y el calor son agradables y soportables aún. Y no solo el aire del otoño es cálido, también sus colores. Decía Albert Camus: “El otoño es una segunda primavera, cuando cada hoja es una flor”. Y no se equivocaba. Es una época de cosecha, donde el campo nos regala el fruto del esfuerzo del verano y nos prepara para el descanso invernal. Para ello, reduce las horas de luz y dispone la temperatura ideal para estar más en casa, cargándonos de energía. Y por eso es la época que más estamos en familia, arropados alrededor del hogar de una estufa. ¿Qué sería del verano sin el invierno? Lo mismo que lo que sería del día sin la noche, del frío sin el calor y de la belleza sin la fealdad. El otoño es la armonía perfecta de todo ello.

El olfato se estimula con el olor de las hojas caídas, mojadas por el rocío. El fresco del aire toca nuestro tacto, cuya piel ya había olvidado esa sensación de erizarse ante el estímulo. El oído, bueno, nuestros gustos musicales cambian de ritmos. Dejan las jubilosas sinfonías estivales y prefieren aquellas más tranquilas e intelectuales. Y la vista, bueno, de ello vamos a hablar ahora. Porque de poner en escena al otoño se encargan los árboles.

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Pero ¿qué es lo que produce el efecto cromático en las hojas? Para que este fenómeno se produzca intervienen varios factores y distintos pigmentos.

Después del verano cuando las noches son más frías, comienza en las hojas un proceso por el cual el azúcar, presente en los tejidos foliares, da lugar a pigmentos que viran el color de las hojas a los dorados y rojos que tanto nos deslumbran. Estos pigmentos conocidos como antocianina y antoxantina suelen estar siempre presentes en algunas plantas, sobre todo en las estaciones más frías, dejándole paso al verde en el verano. En los brotes primaverales cumplen la función de protección, enmascarando el verde claro de las pequeñas hojas, más vulnerable a los rayos ultravioletas, con tintes rojizos, como es el caso de los ilex y photinias. Otro pigmento, la clorofila, que es el “verde” de las hojas, además de cumplir su función en la fotosíntesis, en el otoño se retira produciendo pigmentos carotenoides,virando el color de las hojas al amarillo pálido.

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La intensidad de los colores otoñales depende también del tipo de suelos, en sustratos ácidos se producen escarlatas y rojos intensos, mientras que los alcalinos dan lugar a colores apagados. Algunas veces es la predisposición genética en plantas de una misma especie, que hace que unas tomen más color que otras.Podemos tener especial cuidado en plantar en lugar soleado y reparado, de lo contrario apenas empezamos a disfrutar de los colores de las hojas, se las lleva el viento...

Ventajas de los árboles de colores otoñales: son caducifolios, lo que quiere decir que en verano nos regalan su fresca sombra y en invierno permiten el paso del sol para calentarnos. Tiran hoja solo dos o tres semanas al año,contra los perennes que lo hacen de a poco pero durante todo el año. Nos recuerdan todo el tiempo en qué estación estamos: nos alegran en primavera, nos protegen en verano, nos embellecen los otoños y su poda nos calefaccionan los inviernos. Y sin inverno no hay primavera, es por una época que tenemos que pasar sí o sí para disfrutar las otras. Sin contar que no es poca la gente que disfruta de salir a caminar con las mejillas y narices heladas y con el cuerpo abrigado arropado con camperas y envueltos en caricias de lana.

Nicolás Antoniucci

Paisajista

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