Las estrellas viven entre lujos que incluyen grandes placeres y buena dosis de caprichos. Que suelen subsistir en la medida que los resultados los mantengan bien alto, en su máximo brillo. Así fue con aquel Real Madrid pleno de títulos y gloria, formado por varios de los mejores jugadores del mundo a los que se denominó “Los Galácticos"

Zinedine Zidane, David Beckam, Luis Figo, Ronaldo y Roberto Carlos, entre otros, eran parte de esa suerte de “Dream Team” que parecía invencible y dabal espectáculo en cada escenario en el que se presentaba. Resultados que parecían producto del más puro profesionalismo a cargo de atletas de alto rendimiendo y plenos de habilidades.

Pero el ex marcador de punta brasilero, retirado ya y con 45 años, se permitió en una entrevista correr un poco el velo de aquel vestuario de figuras y permitir que trasciendan las licencias y excesos que gozaba aquel plantel, que era puro poder desde sus nombres rutilantes.

En el programa de televisión luso “Camisola 11” se despojó de códigos y con una amplia sonrisa contó que al líder de aquel grupo, en entrenador Vicente del Bosque, lo trataban mucho más como un amigo que como el director técnico y conductor que debía ser.

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“Los entrenamientos de lunes y a veces los martes eran a las 17:00. No los ponía a las 11:00 porque casi nadie llegaba”, dijo sobre esa demora que tenían los jugadores luego de aprovechar muy bien el fin de semana, luego de cada partido. La noche los atrapaba y demoraba.

"Los entrenamientos de lunes y a veces los martes eran a las 17:00. No los ponía a las 11:00 porque casi nadie llegaba", dijo

El tiempo pasó, Del Bosque se fue a conducir el seleccionado nacional y el banquillo quedó a cargo de José Camacho. Otro histórico que quiso instalar un modo de hacer y conducir que al plantel no le cayó simpático. En particular al grupo reducido que se hacía respetar.

Recuerda Roberto Carlos que ese vestuario “era un peligro” y que el poco feelling que encontraron con Camacho hizo que el entrenador “aguante diez días”. ‘Quiero a todo el mundo mañana a las 7.00 de la mañana’, les pidió. Todos se resistieron.

También planteó que en las concentraciones, la noche previa a los partidos, en la mesa de los jugadores acostumbraban tener sus botellas con vino o cerveza. Camacho fue drástico: “¿Qué hizo? Quitó primero la cerveza y luego las botellas de vino. Duró tres meses”, resaltó.

"Beckham que iba no sé a dónde, Figo, Zidane que iba a tal lugar, Ronaldo a otro", enumeró sobre viajes relámpago porque debían volver a entrenar en menos de 48 horas.

Eran tiempos de figuras reconocidas en el mundo y que hacían valer lo que representaban. Roberto Carlos, ganador de decenas de títulos con la casaca madridista, se preguntó “como era posible que hiciéramos tantas tonterías?”, y puso el caso de lo que ocurría tras cada partido de local. Al rato, los principales referentes se volvían a cruzar en el aeropuerto de Barajas.

“Beckham que iba no sé a dónde, Figo, Zidane que iba a tal lugar, Ronaldo a otro”, enumeró sobre viajes relámpago porque debían volver a entrenar en menos de 48 horas. Y cita su deseo personal previo a cada fin de semana: “Yo rezaba para que los partidos fuesen los sábados para poder ir a la Fórmula 1 los domingos”, afirmó.

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