La tercera temporada de la serie argentina “El Marginal” debutó este martes en la TV Pública. El mundo carcelario regresó a escena y generó repercusión en las redes sociales, donde sus seguidores realizaron un análisis puntilloso del primer envío.

La producción de Sebastián Ortega se transformó en un producto de culto y sumó millones de fanáticos desde su desembarco a Netflix, que le generó reproducciones a nivel internacional, según destacó su productor.

Los hermanos Borges, Mario y “Diosito” interpretados por Claudio Rissi y Nicolás Furtado, protagonizaron el primer episodio de esta nueva entrega, cada uno con su esencia. La asistente social que interpreta Martina Gusmán mostró su costado más duro luego de ser una de las víctimas del motín que se mostró en las temporadas anteriores. Ella es la que sufre las consecuencias del sistema carcelario y lo canaliza entregada al flagelo de las drogas.

En la narrativa, lo que determina la originalidad del programa es también el salto cronológico de la historia. La historia empezó de atrás para adelante, pero ahora se metió en el medio de los dos envíos anteriores. La posibilidad de esta metodología es que deja vivos a personajes que habían muerto en la primera temporada o en la precuela.

Ya de por sí El Marginal 1 cerraba a la perfección. Pero detrás de cada personaje hay una gran historia por contar, que es lo que intriga y atrapa al espectador.

En el debut de este martes, los Borges tomaron el control de San Onofre, hay un nuevo preso invitado -en la primera fue Minujín, en la segunda Esteban Lamothe, y ahora “Toto” Ferro (protagonista de El Ángel) y y Antín, el director de la cárcel -Gerardo Romano-, que se mostró más corrupto que nunca.

También se sumó a la unidad carcelaria Alejandro Awada, un personaje con poco brillo hasta ahora. Quien también tuvo breves planos fue el ex River, Rodrigo Mora, que se sumó como invitado especial al sector del patio de la cárcel.

Otra de las novedades fue un personaje con una historia similar a la del femicida Ricardo Barreda. El odontólogo de La Plata que mató a sangre fría a su mujer, sus hijas y su suegra, es representado por el personaje de “Tubito”, bajo la actuación de David Masalnik.

Se trata de un químico que tiene una cocina de metanfetamina en la cárcel, como Walter White en Breaking Bad- y que también asesinó a las mujeres de su familia que lo humillaban sin parar. Un personaje por demás extraño en medio de tantas historias que se podrían contar de entre esas cuatro paredes de reclusos.

Lo que se lució sin dudas fueron los detalles de estética, iluminación, edición y realismo que se muestra en cada toma, que hacen que el espectador pueda sentirse dentro de San Onofre con todos los sentidos.

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