En su mensaje final al cabo de una nueva edición de la denominada Semana Social, los obispos que forman parte de la Comisión Pastoral para la Pastoral Social (Cepas) reclamaron una economía que “abandone la especulación y estimule la cadena de valor y producción” y alentaron cambios en el sistema impositivo para “salir del esquema confiscatorio que padecemos”.

Con la cuestión del trabajo como eje central de este encuentro, advirtieron que no alcanza con relacionarlo “solo con el capital, sino también y fundamentalmente con la persona, su dignidad y su desarrollo”.Y, como en cada edición, volvieron a hacer un llamado a un modelo de diálogo “responsable y creativo, pensando fundamentalmente en el Bien Común de la Patria”.

Estos conceptos se destacan en el documento final que lleva la firma de la Comisión Episcopal Argentina y que fue leído este domingo por monseñor Jorge Lugones, presidente de la Cepas, que en su conferencia del sábado ya había lanzado advertencias sobre un nivel de desigualdad social en el país que consideró “muy grande y peligrosísimo”.

Estas jornadas se desarrollaron en instalaciones del hotel 13 de julio a partir de viernes con distintos paneles que tuvieron participación de dirigentes sociales, funcionarios, legisladores y los obispos. Además de debatir sobre la problemática del trabajo se abordaron cuestiones vinculadas al cuidado del medio ambiente y el rol de los jóvenes y las mujeres.

Dicen los prelados que el trabajo es fundamental para el desarrollo de la persona, “de una economía de comunión, y de la promoción y dignidad de todos y muy especialmente de los más pobres”.

Repasa ideas fuerza que quedaron de las deliberaciones y rescata la citada preocupación por la desigualdad social y un pedido puntual para que sean “los trabajadores quienes crean la riqueza y no la riqueza quien crea trabajadores”. “(Hay que) hacer un pacto para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”, reclamaron.

Plantean además que la cuestión del trabajo “es urgente y no solo para alcanzar el salario mínimo vital y móvil”ya que la considera fundamental para “estructurar la vida y el desarrollo integral de cada persona”.Dan por entendido que no alcanza relacionar al trabajo sólo con el capital, sino “también y fundamentalmente con la persona, su dignidad y su desarrollo”. “Esto no debería ser un objetivo declamado sino una realidad deseada, buscada y vivida por todos y para todos”, insisten.

Por último rescatan el rol de los jóvenes, los valores medioambientales que el Papa Francisco destaca en Laudato Si y piden al Estado, empresarios, sindicalistas, movimientos populares, dirigencia política, universidades y organismos de ciencia y técnica el compromiso hacia “un diálogo responsable y creativo , pensando fundamentalmente en el Bien Común de la Patria”.

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