Futuro del trabajo, infraestructura para el desarrollo y sostenibilidad del futuro alimentario fueron los tres temas que propuso la Argentina durante este año para debatir en el ámbito de la cumbre del G20. Es que al ejercer la presidencia del foro global le correspondía al país fijar los temas del debate. Sin embargo, más allá de estos temas formales, las expectativas van más allá para el Gobierno. La llegada de los líderes políticos más importantes del mundo implica un gran riesgo pero también abre nuevas posibilidades: la posibilidad de atraer nuevas inversiones y reposicionar al país en el mundo.

En primer lugar, el objetivo de mínima se relaciona a la seguridad. Por la relevancia de los huéspedes y teniendo en cuenta los antecedentes del foro, la contención de los posibles disturbios y la preservaciones de los líderes es sin dudas primordial.

Pero más allá de la seguridad también hay temas políticos que se juegan. Fuentes oficiales cercanas a la organización confirmaron la importancia de "preservar el mecanismo". Es decir, que en medio de las tensiones actuales y de la guerra comercial, se busca que el G20 continúe siendo un ámbito para programar políticas y salvar crisis.

La presidencia argentina debería servir, en este sentido, para promover encuentros fructíferos entre los líderes mundiales que permitan bajar las tensiones que existen, señala El Cronista. Un documento final vacío de contenido o encuentros frustrados entre los protagonistas podrían atentar contra este propósito.

"El primer objetivo que tenía la Argentina era reposicionarse en el mundo, y lo logró. Este G20 es una vidriera", señala Juan Negri, profesor de Estudios Internacionales de la UTDT. Según su visión, cuando fue la postulación, a principios de 2016, "imaginaban un mundo distinto. No estaban Trump, Bolsonaro ni el Brexit en ese momento". Igualmente, a pesar de esos sucesos y de la guerra comercial entre China y Estados Unidos que marca la cumbre, el académico cree que ese primer objetivo se cumplió.

Para Negri, Argentina buscará "ser buen anfitrión y que todos firmen la declaración del último día", pero aclara que a partir de ahí no habrá transformaciones radicales en el mundo, sino que se trata de orientaciones de la discusión. "Es plantar una semilla, incorporar temas a la mesa que pueden desarrollarse. Los temas que propuso la presidencia argentina no deberían generar demasiadas discusiones. El año pasado en Hamburgo hubo más rispideces por el tema climático", consideró.

Por otro lado, en cuanto a las reuniones bilaterales, el analista cree que constituyen una buena oportunidad para fortalecer vínculos. Esto puede llegar a ser clave desde lo económico, ya que Argentina busca mercados para expandirse y exportar, publicó El Cronista.

Ignacio Labaqui, analista político y profesor de la UCA, coincide en el diagnóstico de la vuelta al mundo, ya que cree que "el logro es haber sido elegidos para presidir el G20, cuando hace cinco años estábamos más cerca de ser excluidos". En este sentido, considera que esta presidencia del foro sirvió para que el mundo acompañe y para que "el FMI diera un volumen de financiamiento extraordinario".

Desde el lado oficial se rescata también la visión de Laura Jaitman, deputy de Finanzas de la Argentina para el G20. Es una de las dos personas que negoció en representación del país sobre la redacción del documento final. La semana pasada, en diálogo con este medio, aseguró que "es el acontecimiento más importante de la historia institucional e internacional para la Argentina. Es el momento de culminar una presidencia que ha sido muy exitosa". Además, explicó que la gestión argentina fue durante "un año muy complicado, con desafíos y tensiones entre los miembros del G20", y que el liderazgo del país permitió "mantener el diálogo constructivo y abierto en todas las reuniones".

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