La historia tiene como protagonistas a repartidores argentinos que trabajan en Europa y ganan 2.000 euros por mes. A eso se le suman unos 20 por día de propinas. Les alcanzan para pagar vivienda, comida y ahorrar, según una nota publicada por Clarín.

Gonzalo Pérez (25), argentino radicado en Berlín y trabajador de una aplicación de reparto de comidas a domicilio, publicó en las redes sociales un ticket de lo que gastó en el supermercado y la imagen se hizo viral. "Gasté 54,41 euros. Lo que gano en menos de cinco horas de delivery. Estimo que la comida me alcanzará para casi dos semanas", contó.

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"Comencé a trabajar de delivery en septiembre del año pasado -detalló en la red social-. Vengo juntando propinas desde entonces. Hace unas horas abrí mi alcancía y tenía 2.118,50 euros".

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Cada hora trabajada en Berlín se paga 10 euros. A eso hay que sumarle 14 centavos por kilómetro recorrido, más las propinas. El promedio que sacan, dicen, es de un euro por pedido entregado. Además, la aplicación los premia según la cantidad de pedidos entregados. Es un ingreso extra.

"n una noche, sólo entre las ocho horas trabajadas y los 23,10 euros que dice haber juntado de propinas, Gonzalo sumó 103,10 euros. A eso hay que sumarle lo que le pagan por kilómetros recorridos y los premios.

Gonzalo vive en una residencia de estudiantes en la que paga 300 euros de alquiler. En supermercado, calcula un gasto mensual de entre 100 y 150 euros.

En abril publicó uno de sus recibos de sueldo en su cuenta de Twitter: 2.225 euros entre sueldo y propinas. "Estimo que ahorraré, al menos, unos 1.500", afirmó. Y agregó: "Todo lo que cuento es más para informar que para motivar a los demás. Me interesa contarles que aquí, a diferencia de lo que pasa en la Argentina, sí se puede ahorrar trabajando".

Leandro Serfaty (25) es de Villa Devoto. Llegó a Europa en julio de 2019. Luego de pasar unos días en Madrid, aterrizó en Copenhague, gracias a una visa que había gestionado para trabajar durante un año.

En un fin de semana juntaba 4.000 coronas (537 euros). Es un buen trabajo, y muy cómodo: ni siquiera necesitás buen nivel de inglés. En Dinamarca llegué a conocer a 50 o 60 argentinos que trabajaban de lo mismo. Pagan 16 euros la hora", cuenta ahora desde Berlín, donde hace el mismo trabajo. Vive en una residencia donde conviven 15 argentinos: todos son deliverys.

Matías, a sus 18 años, repartió por las calles de tierra de Villa Fiorito. Lo hacía en un ciclomotor al que, cada tanto, le recalentaba el motor. Incluso alguna que otra noche llegó a trabajar sin frenos. Hoy tiene 33 y hace lo mismo. El contexto es muy distinto: maneja una bicicleta eléctrica en Berlín.

"Ojo que no es un trabajo para cualquiera -aclara-. Llueve, hace frío; hay gente que renuncia. Pero tiene cosas buenas: carecés de rutina, porque todos los días andás en distintos barrios".

Y da detalles: "Mientras conduzco escucho a Leo Mattioli o el Pity Álvarez. Mientras espero pedidos, tomo mate. Y el paisaje es genial. Hace poco pude comprar un auto. De todas formas, sigo trabajando con la bicicleta. Hay un buen circuito de bicisendas y existe el respeto al ciclista. Antes trabajé de camarero en Barcelona y Dublín. No sé por qué no se me había ocurrido antes ser delivery".

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