Por Ninela Teso

Una antigua leyenda en Japón dice que a cualquier persona que haga mil grullas de papel le será concedido un deseo. Adriana García llegó a tener tres mil, el apoyo de la gente y el amor por sus hijos. Y entre sus deseos está que se respeten los derechos de los niños y, seguramente, que nadie viva lo que ella vivió.

En octubre de 2000, Mar del Plata fue escenario del hecho que hizo que Adriana conociera lo más profundo del dolor: fue cuando su ex esposo degolló a sus hijos- Sebastián de 4 años y Valentina de 2- por venganza al acusarla de haberlo abandonado. Si bien ella lo había denunciado previamente, la Justicia jamás la escuchó. Pero a casi 16 años de la oscuridad decide hablar, recordar a sus hijos con actos de amor y contar su historia.

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Todos los años yo elijo una forma diferente de homenajear a mis hijos, y estos son cada vez más grandes e importantes. Este año se me ocurrió que fuera a través de grullas de papel porque hay un libro de Elsa Bornemann que se llama ‘Mil grullas’ que yo siempre les leía a Sebi y Valentina”, cuenta Adriana.

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La mujer todos los años recuerda a sus hijos haciéndole regalos a chicos de alguna escuela o institución, pero al volver a leer el libro se le ocurrió una idea que trascendió fronteras. “Escribí en mi página de Facebook lo que iba a hacer y me empezó a escribir gente de todos lados diciéndome que me querían ayudar a hacer grullas. Y empezaron a llegar, de todos lados”, revela. Las primeras fueron del sur, de unos compañeros de la escuela de ella que conocieron su historia a través de los medios y luego de Alemania, Colombia, Venezuela y varios países más.

Tal fue la convocatoria que Adriana llegó a tener bolsas de consorcio en su casa llenas de grullas e historias de quienes las hacían. En julio de este año estuvo presente en la Feria del Libro Infantil de la ciudad donde hasta cambiaron el logo inspirados en su historia. “Fue un golpe emotivo, se me cerraba el pecho de emoción por el gran apoyo que recibí. Cuando vi todas las grullas colgadas pensé que era un gran homenaje a mis hijos y para todos los chicos en defensa de sus derechos”, relata.

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Y agrega: “Me imaginaba al hacer las grullas que toda esa tristeza que sentía se transformaba en un momento lindo y que a la gente le pasaría igual. Por eso quise compartirlo en el Facebook pero no imaginé que llegarían tantas. Antes solo hacía regalos que me hubiese gustado que recibieran mis hijos, aunque me cuesta pensar que ya tendrían veintipico. Sebi y Valentina para mí siempre van a tener 4 y 2 años”.

Tras varios años de oscuridad volvió a aparecer la luz para Adriana, se fue de Mar del Plata a vivir a Buenos Aires, rehízo su vida y adoptó un nene. “Tiene 13 años y está conmigo desde que tiene 4, me da bastante trabajo por suerte porque es rebelde y travieso pero es quien me mantuvo viva”, comenta.

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Otra cosa que la ayudo a seguir adelante fue su trabajo, García es terapista ocupacional especializada en niños: “Mi vida también es mi trabajo, tengo una adicción al trabajo para ocupar mis horas. No puedo estar libre ni un segundo, viajo mucho. Siempre trabajo, es la adicción más grande que encontré y que me la permito tener”. También viaja con su hijo y cuenta que “todos los años eligen un destino nacional”.

“Mi nene es un aventurero, es muy linda la vida con él. Subió con 13 años por primera vez a un volcán de seis mil metros y con 15 grados bajo cero y viento de 70 km. Se está preparando para hacer a los 18 el ascenso al Aconcagua”, explica.

Hoy es el Día de la Madre y Adriana dice que cada festejo es “durísimo” pero que un gran regalo la espera: un partido de rugby que su hijo le va a dedicar. Y claro, miles de grullas que soplan los chicos desde cada rincón del planeta.

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