Maldita llamada

Florencia Palmieri

Estamos tapados de información. Todos sabemos todo. Las radios, las redes sociales, la televisión, Internet y la calle. Y sobre todo estamos todos muy alertas a las nuevas metodologías (y no tan nuevas) que usan los dueños de lo ajeno para cometer delitos. Tal es así que si hablamos de los secuestros virtuales parece imposible pensar que alguien no sepa cómo es la operatoria. E incluso parece imposible que los delincuentes sigan utilizando ese método para robar dinero y pertenencias. Pasa que todavía hay gente que no lo sabe y estos sujetos van en busca de esos pocos inocentes.

Era cerca la una de la madrugada, mamá esperaba mi llamado al regresar del teatro, porque los hijos nos hacemos grandes pero los padres necesitan saber igual que llegamos bien. Sonó el teléfono fijo (y vale la aclaración porque casi no quedan esas líneas en tiempos de celulares). Una chica del otro lado lloraba desconsoladamente al grito de "Mamá! Por favor ayudame!!". Y si bien mi mamá estaba informada y sabía las cosas que pasan, en ese instante su cabeza hizo que escuchara mi voz de otro lado, porque en definitiva esperaba mi llamado. Y ahí empezó el calvario. Les pidió que no me hicieran nada, les rogó, les suplicó. La chica gritaba cada vez más y tomó el teléfono un hombre. Dijo que me mataban si llamaba a la policía. Sí, lo dijo una y otra vez. A mamá le pasaba la película de su vida y de la mía en un instante, también una y otra vez. Logró tranquilizar al sujeto explicándole que no tenía dinero encima, pero que necesitaba hacer un llamado para conseguirlo. Finalmente accedieron a que hiciera el llamado bajo la nueva amenaza de muerte hacia "mi persona" si ella intentaba comunicarse con la policía. Cortaron el teléfono, mamá marcó el número de mi casa. Y del otro lado estaba yo, recién llegada del teatro y lejos afortunadamente de cualquier delincuente. La agonía había terminado.

Primero me enojé porque no podía entender que hubiera caído en un engaño así. Pero después la entendí y lloré con ella al tomar conciencia de lo que había sufrido esos minutos. Y no podíamos dejar de pensar en la cantidad de veces que deben repetir la escena sin pensar que alguien del otro lado hasta puede perder la vida del disgusto. Pero claro, no les importa porque usan la poca inteligencia que tienen en buscar nuevas víctimas. La llamada a mi madre ocurrió hace varios años. Ella y yo sabemos bien que no seremos las víctimas en esta trampa.

Anoche, cerca de las 3 de la mañana sonó el teléfono. Atendí sabiendo que algo similar podía ocurrir. Y del otro lado era un joven que lloraba al grito de "mamá, ayudame". Obviamente corté e intenté volver a dormir. Algo que no ocurrió. La vieja historia con mi madre se hizo vigente. Porque aún, no todos sabemos todo. Aún quedan inocentes y hay que llegar a ellos para que esto no suceda más.