Mar del Plata se transformó. Se sacó el pullover para calentar a los turistas y locales de otra manera: con una buena cerveza artesanal.

La cervecería Antares dio el primer golpe, y otros emprendedores con su impronta lograron ponerse a la altura. Hay al menos 40 productores locales, según la página BeerWay. Crearon nuevos estilos, se animaron a salir de los sabores tradicionales para servir estilos especiales.

Con ellos llegaron los bares, al menos 30, que se extendieron por toda la ciudad: coparon la calle Olavarría, Constitución Yrigoyen y Alem. Y las cervecerías también se volvieron multimarcas, unas 25: cedieron canillas a fábricas de Mar del Plata y acercaron a los paladares de los marplatenses sabores del país y el mundo.

Luego comenzaron a surgir las recargas, existen al menos 25 según pudieron recabar los creadores de BeerWay, con la posibilidad de que los fanáticos de la cerveza artesanal pudieran disfrutarla en su casa o en cualquier lugar que se les ocurriera. Inclusive en eventos grandes con las conocidas “choperas”.

La política debió entrar en el juego, se creó en Mar del Plata una ordenanza que regula a las recargas. Y a nivel nacional, la cámara de Diputados dejó afuera del impuestazo a la cerveza artesanal.

Se fundó la Cámara de Cervecerías Artesanales de Mar del Plata, festivales, eventos, capacitaciones, concursos, se crearon aplicaciones, programas radiales y páginas web referidas al tema.

Y todo este camino, transitado en poco tiempo, abrió posibilidades de trabajo en Mar del Plata. Animó a pequeños emprendedores a insertarse en el mundo empresarial, a comerciantes a ampliar su oferta y a los consumidores a conocer más sobre el mundo de la cerveza artesanal. En definitiva un bálsamo para una ciudad que rankea siempre los primeros puestos de desocupación.

La birra artesanal llegó para quedarse, abrir una canilla de oportunidades e ir por más ¡Salud!

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