Por Ninela Teso

Alejandro Caro llegó a España en 1985 con 22 años, 400 dólares en el bolsillo, ganas de progresar y disfrutar. En la actualidad está por abrir su tercera fábrica de dulce de leche y alfajores que son elegidos por el mejor futbolista de todos los tiempos: Lionel Messi.

"Márdel" nació varios años después de trabajar, junto a su hermano, de "lo que trabajan los inmigrantes". Albañilería, cocina, ventas, hasta que llegó la oportunidad de hacerlo en la importación y allí vieron que faltaba algo escencial en Barcelona: el dulce de leche.

Comenzaron a importar productos argentinos y por una disposición de la Unión Europea debieron fabricar ellos mismos la mercadería. Armaron una fábrica, junto con un ingeniero, y empezaron las primeras pruebas. Ellos mismos iban buscando el equilibrio hasta alcanzar el sabor perfecto.

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"De dulce de leche llegamos a producir este año 2 millones 800 mil kilos, estaremos llegando a los 3 millones de kilos. El año pasado ampliamos la fábrica, tenemos una capacidad de producción de unos 7 millones de kilos y lo que estamos montando ahora es una fábrica de alfajores. El año pasado vendimos 6 millones de alfajores y en la nueva fábrica que estamos implementando la idea es que tengamos una capacidad de producción de unos 25 millones de alfajores al año", reveló el empresario al que de chico lo "volvía loco" el dulce de leche.

El nombre de la empresa, tan propio de Mar del Plata, surgió después de una gran búsqueda en la que participaron todos los empleados. "Lo tenemos registrado desde hace 24 años y buscábamos un nombre con dos sílabas. En el registro estaban todas las combinaciones. Con los empleados fuimos buscando nombres, votamos e ibamos mandando al registro. El número 33 fue la opción de Márdel, porque al comienzo empezamos a fabricar alfajores tipo marplatenses y los argentinos sabían de qué estábamos hablando cuando decíamos Márdel", sostuvo Caro.

En todo su relato, que hace desde una de las playas de la Costa Brava, Alejandro no deja de mencionar dos palabras claves: disfrute y sueños.

"Uno va haciendo las cosas como van surgiendo, lo importante es tener sueños. La idea es ir intentando y lo que la vida te permita hacerlo realidad. He cumplido dos sueños: tener una fábrica de dulce de leche y conocer al futbolista más grande de la historia del fútbol".

Messi y el dulce de leche

"A los Messi los conocí cuando recién llegaron a Barcelona. Con un grupo de amigos argentinos cenábamos todos los jueves en una pizzería. En esa época la familia Messi cenaba en la mesa de al lado. Uno de mis amigos era el odontólogo de Leo y el padre lo mandaba a que lo saludara. Él nos saludaba a todos, siempre muy educado, y luego se sentaba en la mesa con su familia", comentó Alejandro.

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Ese vínculo con los años perduró y Lio se volvió fanático de los productos argentinos que lleva Alejandro a todo el mundo. "Cada vez que ellos necesitan algo como yerba, dulce de leche o alfajores, se los suministro. Leo es muy fan del dulce de leche, se vuelve totalmente loco. Hay entrevistas donde cuenta que le gusta cualquier cosa que tenga dulce de leche", aseguró.

"Es muy buena gente y hace unos años nos dieron una mano cuando firmamos un pequeño contrato y han sido publicidades pagas con importantes descuentos", contó entre risas.

La "chocotorta" como bandera

El empresario también importa diversos productos argentinos de distintas marcas. Entre ellos las conocidas galletitas con lo que se hace la "chocotorta", uno de los postres más elegidos entre los argentinos.

"Trabajamos para que los argentinos extrañen menos al país, traemos unos 350 productos. La chocotorta es tan o más fácil de hacer que un tiramisú. Les explico a los dueños de los restaurantes y a los vendedores que tenemos un tremendo potencial con la chocotorta. No se si lo voy a ver pero sé que todos los restaurantes van a tener 'chocotorta' en su menú y hasta van a competir para hacer la mejor", dijo convencido.

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"Ha sido una alegría muy grande el poder desarrollar un producto tan nuestro y demostrarlo al mundo. Es todo un disfrute ver la cara de alegría de cuando la gente prueba el dulce de leche. Somos unos agradecidos eternos a los argentinos porque el producto gusta mucho. Nos reconocen que hacemos un producto excepcional, con controles de calidad tremendos, certificados y sin ningún tipo de conservantes", completó Caro.

Sobre la inserción del producto entre los europeos, el argentino, expresó que el crecimiento "es muy lento" porque tienen "consumos muy marcados". "Cuando llegué a Barcelona no era una ciudad cosmopolita como era hoy. Hoy en día la gente viaja mucho más. Tenemos 80 empleados pero en todo el departamento comercial trabajan argentinos. El 20% son argentinos y el resto son de distintos países del mundo", amplió el empresario.

Márdel también desembarcó este último tiempo en Estados Unidos. "Una sobrina mía fue a trabajar a Miami, hicimos un estudio de mercado, una exploración y vi que había posibilidades. Montamos una filial allí, nos está yendo muy bien aunque nos agarró el Covid en el inicio de nuestro proyecto. Hemos sufrido durante la pandemia pero estamos con expectativas para seguir creciendo, les gusta mucho también el dulce de leche. Nos queda mucho recorrido en Estados Unidos pero estamos muy contentos", sostuvo.

"Siempre hay que tener sueños, no soy de dar consejos, pero yo siempre trato de apender. Soy muy inquieto, viajo mucho, siempre estoy con mucha curiosidad, intento aprender donde voy, veo qué consume la gente. Cuando venimos de Latinoamérica en Europa no gozamos del mejor prestigio y por eso siempre tenemos que comportarnos demostrando la inocencia. Hay gente que le cuesta más y a otros de menos", reveló Caro.

"No hay que dejar el disfrute para mañana. A los 8 meses de llegar acá nos fuimos a París en micro, con 20 horas de viaje, nos bañabamos con agua fría para no gastar de más pero disfrutamos las cosas importantes", recordó. Para Alejandro, la vida está "para disfrutar" como una buena cucharada cargada de dulce de leche. Y si es Márdel, mejor.

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