Desde su casamiento con Claudio Paul Caniggia, en 1988, Mariana Nannis montó un personaje y encadenó un historial de frases polémicas. En varias, ofendió a los argentinos. Uno de los episodios más repudiados en su momento, tuvo que ver con una entrevista de principios de los 2000, en la que Mariana le enseñaba a sus hijos, Axel, Alexander y Charlotte, a saludar a los televidentes argentinos diciéndoles: "¡Hola Pelotudos!".

Es que Nannis siempre sostuvo que "los argentinos son unos pelotudos". ¿Por qué? Porque, dejando en claro que no tenía ningún tipo de empatía con sus compatriotas, se burlaba de quienes tenían que convivir con la crisis económica permanente mientras ella no hacía más que despilfarrar el dinero que ganaba su marido como futbolista.

¿Y por qué Caniggia le permitía que gastara sin parar? Según ella, lo hacía para retenerla a su lado. "A mi marido no lo voy a fundir nunca. Aparte, tiene que trabajar más así no lo fundo. El dice: 'Si esta mujer me funde, se consigue otro con más plata. Entonces mejor que no me funda'", explicaba Mariana.

Dueña de una autoestima a prueba de todo, en una de sus primeras y escandalosas declaraciones, allá por los 90, Nannis había dejado en claro que no tenía competencia y que, después de haber estado con ella, Claudio no podía estar con ninguna otra mujer. "Teniendo caviar en casa, no va a ir a comer mortadela afuera", decía.

Según publicó Teleshow, por aquellos años, cuando todavía faltaba un tiempo para que "los mediáticos" irrumpieran con su desparpajo en la televisión, Mariana causaba sensación con esas declaraciones. Y eso hizo que muchos programas le pagaran sumas importantes con tal de tenerla contando supuestas intimidades como "me baño en champagne" o "las bombachas las uso una vez y las tiro".

¿Si todo esto era cierto? Por supuesto que no. De hecho, hay quienes aseguran que para ostentar en las entrevistas, Nannis pedía la ropa prestada. Pero el personaje rendía. "¿Se habla de mí en la Argentina? Se hablará porque gasto fortunas. Puede ser…Las gasto bien bastadas, porque si no las gasto yo se las gasta otra", decía ella.

Así, mientras por estas tierras la gente luchaba al ritmo de las cacerolas contra el corralito y la desocupación, Mariana desde el otro lado del Atlántico aseguraba: "A mi perro lo baño con agua mineral. Compro dos docenas de botellas y lo bañamos así, para que no se le caiga el pelo" o "Mis hijos se divierten tirando huevos por la ventana".

La irrealidad en la que supuestamente vivía Nannis irritaba, sí. Pero también rendía en materia de rating. Así que ella seguía en la misma tesitura. "Sólo me codeo con gente de mi nivel, los pobres no me agradan", afirmaba.

Y, para que el mundo entendiera cuál era su "nivel", Mariana ejemplificaba: "En Roma podrá vivir el Papa, pero no es una ciudad digna de mí", "En Navidad la cena se hace en platos y cubiertos de oro y plata: me da asco la gente que usa platos de plástico como villeros" o "En mi placard no hay nada por un valor inferior a los 500 euros".

Sus polémicas declaraciones luego fueron en contra de las mujeres que supuestamente intentaban estar con su marido. "A Claudito Paul se le tiran muchas putas…las chicas van atrás de la billetera" pero "con mi marido yo soy la más puta de las putas", decía ella. Y se jactaba: "Yo dejo a mi marido cuando quiero y estoy con mi marido de nuevo cuando quiero. Así soy la envidia de todas las argentinas". Pero, evidentemente, nada de lo que contaba era tan así y finalmente, ese mundo de fantasía en el que Nannis decía vivir, un día se terminó.

Luego de que Caniggia le pidiera el divorcio, Mariana sacó a la luz la verdad de su relación. Y ese día ya no se mostró como el personaje que todos conocían, sino que se puso seria para contar otra realidad de lo que supuestamente vivió. Por un lado, hizo una fuerte denuncia por violencia de género, que ahora la Justicia deberá investigar. Por el otro, habló de supuestas adicciones de su ex, que habrían hecho de su vida un infierno. Y, finalmente, dejó en claro que aquella holgura económica de la que decía gozar, hoy no estaría formando parte de su realidad.

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