Con dolor, el marplatense Emilio Sáez tomó la decisión de cerrar “La Unión”, una famosa panadería que fundó con su papá en la localidad de Tolhuin, en Tierra del Fuego, hace 37 años. La pyme sufrió el golpe de la pandemia y Sáez afirma que ya no puede continuar. “No puedo seguir así, a mis 66 años me entrego”, expresó en diálogo con Ahora Mar del Plata.

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La panadería, ubicada en un tramo entre Ushuaia y Río Grande, recibía a gran parte del turismo de la zona, que está frenado desde el pasado 20 de marzo por el aislamiento social obligatorio. “Antes de la pandemia hemos atendido a casi 5 mil personas en un fin de semana. La situación actual es devastadora”, remarcó con dolor.

Son 27 familias las que dependen del funcionamiento de ese comercio. “Somos gente de trabajo y de toda la vida, nadie nos regaló nada”, indicó Sáez. “Son chicos jóvenes, tienen hijos, trabajadores. Esta situación es terrible”, agregó.

Sobre los programas del gobierno, como la Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), Sáez sostuvo que si bien lo percibían, no alcanzaba para abonar los sueldos. “No hemos llegado a ningún lado, no logramos cubrir los salarios”, explicó. “Nadie piensa en los laburantes, no todos trabajan en el Estado”, sostuvo. Y remarcó: “Nunca se piensa en la gente que produce, que trabaja. Es la gente que en estos momentos está tirada”.

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Si bien “algo se vende”, consideró que en realidad “murió todo”. “No sé cómo se puede hacer para seguir así”, dijo. Y señaló: “Me cansé de tirar mercadería, de estar todos parados en la panadería, mirándonos, ¿esperando qué?”, se preguntó. "No hay movimiento, está todo muerto”, agregó.

Al sentir que “no hay un horizonte”, Sáez se reunió con los empleados para hablar sobre esta situación. “Decidimos cerrar para no gastar materia prima. No puedo prender todo y ponerlo en marcha para esperar vender dos latas de facturas”, señaló.

“Las pymes y la actividad económica están paralizadas. Nosotros éramos parte de la tropa, pasábamos vacaciones con los empleados, disfrutábamos juntos. Ahora nos tuvimos que reunir para decidir cerrar. Ellos no son números. Son trabajadores que tienen nombre y apellido. Duele el alma”, expresa el dueño de “La Unión”, que pasaba sus vacaciones en una casa que construyó en Puerto Madryn junto a los empleados. “La casa está en venta”, confirmó.

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