El doctor Guillermo Montenegro asume el 10 de diciembre, y ese día también deberán jurar los funcionarios de su gabinete. A lo sumo el 11, para que el cambio de autoridades nacionales y provinciales no eclipse este acto, que debe ser en cada distrito un saludable y festivo evento de la democracia. Todo lo que hasta ahora no está confirmado en relación con la conformación de su equipo de gobierno, genera el espacio para especulaciones de diverso tipo. Incluso en los extremos. Hay quienes dicen que el plantel está completo y se apresta a un “retiro” para generar el ajuste, la coordinación y la puesta a punto en forma colectiva. Y hay quienes señalan que aun hay casilleros sin cubrir.

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Hasta hoy una docena de apellidos fueron ratificados. Hace pocas horas y a través de sus cuentas personales en redes sociales, anunció que Darío Oroquieta, un joven pero experimentado funcionario nacional en el Ministerio de Seguridad, de confianza de Patricia Bullrich, será el Secretario de Seguridad Municipal. El 21 de noviembre y por la misma vía, el intendente electo confirmó que José Luis González estará en Obras y Planeamiento, Verónica Hourquebié en Desarrollo Social y Fernando Muro en Producción. Diez días antes había convocado a una conferencia de prensa para anunciar que Santiago Bonifatti sería el Secretario de Gobierno. Y para ese momento ya se sabía sobre las convocatorias a Sebastián Puglisi y Emilia Brahim en Educación, y Carlos Balmaceda en Cultura. Luego se sumó el nombre de una de las directoras del Materno Infantil para ocupar el cargo principal en Salud Municipal. Y el contador Germán Blanco, además de ser convocado para Hacienda, recibió la compleja tarea de coordinar la transición con las autoridades salientes.

Mientras tanto corren las ansiedades, y también la danza de nombres intencionalmente lanzados para ver si caen en gracia, e incluso para dejarlos fuera de combate antes de la línea de partida. Y la forma en la que el intendente electo va “largando prenda” anima a quienes hacen su propio juego; a ver quién sabe más, quién acierta más casilleros, y quiénes tienen “la fija” de los nombramientos.

A falta de más certezas, sólo es posible hacer pie en algunas definiciones: que no habrá imposiciones de nombres y reparto de cargos como premios. Que no hay compromisos en devolución de aportes ni apoyos de campaña. Y que el objetivo es buscar a los que más sepan en todas las áreas a cubrir. En estas ideas se intenta forjar una identidad que debe edificarse y solidificarse lo más rápido posible. El perfil de un jefe de gobierno aun desconocido como autoridad política distrital. Guillermo Montenegro no solo arma su juego. Está queriendo poner sus reglas. Y por ahora no está claro si esconde o no tiene. Como en el truco.

En el plano de lo concreto, sí es posible afirmar lo que no ha ocurrido. Y es algo que tal vez en la política moderna se esté generalizando: un candidato se postula y debemos confiar en su propuesta sin conocer su equipo de gestores. Ni cuando se confirma su candidatura, ni cuando se impone en la interna. Ni cuando en la Primaria su partido suma los votos para ser primera fuerza. Y tampoco cuando gana la elección general y resulta intendente electo. En este caso que nos ocupa, hay que agregar que no conocemos la conformación del gabinete tampoco faltando 10 días para su asunción.

La idea de “retiro espiritual” es parte de una lógica a la que nos fuimos acostumbrando en las gestiones de Cambiemos y que rápidamente incorporamos los marplatenses porque en varias oportunidades la ciudad fue sede de esos encuentros de funcionarios del gabinete nacional y el de provincia. Pero de esa misma experiencia surge que pocas o casi ninguna política concreta se ha gestado en esas reuniones de varios días y noches compartidas por funcionarios y asesores. En todo caso alguna foto “de familia” o algunas anécdotas pretendidamente risueñas, como quienes comparten habitación, o quienes roncan, o quiénes comen vegano. Es completamente entendible que quien va a iniciar su gestión está abocado a planificar y delinear políticas más que a responder las dudas y especulaciones que corren en todos los sentidos y con diversas intenciones, y también que prefiera guardarse algunas cartas y no adelantar su juego. Aunque deja el espacio para que pensemos que en ese retiro se esté jugando mucho a la escondida, con más escondites que jugadores. O tal vez al truco, y lo que tiene en sus manos no le alcanza para cantar demasiado. Pronto tendrá que dejar de orejear y poner las cartas sobre la mesa.

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