Ahmed Musa es el hombre que le dio esperanzas a las aspiraciones de Argentina en la Copa del Mundo. El delantero marcó dos tantos ante Islandia y así el conjunto de Jorge Sampaoli renovó sus ilusiones de clasificar a los octavos de final.

Nació en Jos, Nigeria, hace 25 años y fue abandonado a los siete por un padre polígamo. Comenzó su carrera como futbolista en el Kano Pillars de su país y, a base de buenos rendimientos, fue comprado por el VVV-Venlo de Holanda en 2010.

En 2012, el CSKA de Moscú le compró su pase y en 2016 fue transferido al Leicester, club inglés que lo contrató luego de hacer historia consiguiendo una Premier League. Allí su rendimiento no fue el mejor y es por eso que, luego de dos años irregulares, regresó a Rusia en el arranque del 2018. Hasta aquí, nada fuera de lo común. Pero dijmos que el africano tiene una historia particular y es la siguiente.

Mientras estaba en Inglaterra, Musa compró dos estaciones de servicio en Kano, una ciudad ubicada a 500 kilómetros de su lugar de nacimiento, con un objetivo: darle trabajo a sus amigos que se encontraban en una situación económica delicada.¿Qué nombre le puso a las estaciones? Myca, que es la pronunciación rusa del apellido Musa y tiene el 7 por el número de su camiseta.

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Además, el atacante pagó la fianza de algunos de sus amigos para que puedan trabajar allí. En total, liberó a más de 40 jóvenes que estaban privados de su libertad.

Y esta no termina acá: en el último Ramadán, el mes de ayuno diario del calendario musulmán, regaló comida para la gente más necesitada. Donó tres mil paquetes de arroz a los que le puso su cara y la frase "no se vende" para evitar la reventa. También donó millones de nairas, moneda oficial nigeriana, a centros educativos. Parece ser que Musa hace todo bien, esperemos que mañana no.

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