El largometraje documental sobre José Luis Cabezas disponible en Netflix a partir del jueves 19 pudo haber tenido las mismas características de “Carmel: ¿quién mató a María Marta?”, la miniserie que puede verse en la misma plataforma y recorre en cuatro episodios otro hecho policial que durante un largo tiempo mantuvo en vilo al país.

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Al menos eso es lo que se plantearon en principio la productora Vanessa Ragone y el director Alejandro Hartmann en este segundo viaje documental que ambos llevaron adelante por los oscuros territorios del crimen verdadero (género que despierta una especial atracción en el mundo del streaming) dentro de la realidad argentina. “Al principio pensamos en una miniserie, del mismo estilo, pero decidimos finalmente hacer una película. El caso Cabezas tiene un clarísimo momento de nudo dramático y vimos que funcionó bien como película desde que empezamos a trabajar. No era necesario extenderla”, admite Ragone. “Yo dudé al comienzo del trabajo de montaje, porque el material era muy amplio y además las entrevistas fueron abriendo varias puertas, pero ahora que la vemos estoy muy contento de que hayamos decidido hacer una película”, completa Hartmann.

Los 105 minutos de “El fotógrafo y el cartero: el crimen de Cabezas” son muchos menos que los 229 de Carmel: ¿quién mató a María Marta?, pero las muy positivas reacciones que se conocieron después del estreno del largometraje en el último Bafici aparecen en línea con lo ocurrido en el caso de la miniserie. Casi de manera unánime volvieron a destacarse la potencia narrativa, la solidez argumental y la calidad formal del trabajo de este dúo, gran protagonista de la actual producción de documentales en nuestro país.

“Es muy difícil hacer documentales de esta dimensión. Y hasta hace unos años parecía algo imposible. La aparición de las plataformas y el trabajo con Netflix nos permitió hacer un documental muy poderoso en lo narrativo, lo estético, lo conceptual y también en la producción”, detalla Ragone durante la entrevista con LA NACION vía Zoom. En la pantalla contigua, Hartmann abre otra línea de coincidencia entre ambas producciones: “Teníamos la puerta abierta para seguir, porque a Carmel le había ido muy bien. El caso María Marta es una historia muy nuestra, con cosas de telenovela y de crimen irresuelto que interesan cada vez más, pero la de Cabezas nos toca mucho más de cerca como sociedad. No hay diferencias básicas entre ambas en cuanto al enfoque y a la puesta en escena, pero sí en los hechos. Una cosa es Carmel, un caso que espera una definición, y otra es el caso Cabezas, en el que todo está resuelto y el abordaje tiene que ver con la necesidad de hacer memoria”.

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Desde que todo ocurrió hace ya 25 años en Pinamar, el caso Cabezas estuvo siempre dando vueltas en la cabeza de Ragone, sobre todo por su propia historia familiar de padres periodistas. El interés creció en ella todavía más cuando leyó dos libros de Alejandro Vecchi, el abogado de la familia del fotógrafo asesinado el 25 de enero de 1997. “Esta historia nunca había sido contada en un registro documental como el nuestro, con investigaciones, entrevistas y un desarrollo dramático. Lo comentamos con Hartmann, que estaba pensando también en el significado de la época, de los años 90, y nos pusimos a trabajar”, explica la productora.

Para Hartmann, el de Cabezas es un caso “que ilumina la mirada de la Argentina de los últimos 25 años”. Revela que una de las razones que impulsaron el proyecto fue la de acercar esta historia al conocimiento de las generaciones más jóvenes. “Quienes no vivieron aquellos episodios, como nosotros, a lo sumo conocen la imagen y el nombre de José Luis, así como el de Alfredo Yabrán, pero nada más. Vale por eso recordarlo. El reclamo de “no se olviden de Cabezas” tuvo que ver con el crimen específico y con muchas otras cosas de lo que fue la Argentina de los años 90″, apunta.

El primer paso fue una meticulosa investigación periodística. Después llegó el contacto con el enorme material de archivo disponible sobre el caso. “Teníamos un guion previo, manejábamos ideas muy claras sobre el tema, conocíamos la causa e hicimos muchísimas entrevistas. Pero en el momento del montaje, que es cuando la historia empieza a armarse de verdad, tuvimos que volver a revisar todo. Ese material tan amplio empezaba a adquirir más de un sentido y a proponer distintas capas de lectura y profundización”, explica Ragone.

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Aparecían por un lado toda clase de lecturas propias de teorías conspirativas y, por el otro, miradas que justificaban la atención de los realizadores. Pero un mismo eje siempre guió esa investigación cada vez más abarcadora: la Justicia ya había actuado y castigado a los culpables en un proceso que siguió todo el país. “Lo que al final decidimos –señala Hartmann- es contar esta historia desde la perspectiva quizás más conocida, pero agregando algunos datos seguramente menos trascendentes para mucha gente. Nosotros no somos la Justicia. No tenemos por qué resolver nada. La Justicia, en este caso, ya se pronunció y nosotros contamos justamente eso. ¿Quedaron preguntas abiertas? Seguramente sí”.

Para Ragone, lo que en definitiva expone el documental es un escenario con dos caminos paralelos. Por un lado, las complejas, muchas veces confusas y casi siempre incomprensibles derivaciones policiales y políticas de un caso impactante. Y por el otro, el drama personal de José Luis Cabezas, de su familia, de sus colegas y amigos. Hartmann reconoció que a los dos les hubiese gustado contar con el testimonio de alguien bien cercano a Yabrán “para conocer a un personaje con muchas facetas desconocidas, muy misterioso, que genera dudas”.

Pero lo más importante, según la productora, pasa por otro lado. “José Luis –concluye Ragone- era un reportero gráfico que lo único que quería era hacer bien su trabajo. Lo capturaron en la puerta de su propia casa después de una fiesta, lo metieron en un auto, lo esposaron, le pegaron dos tiros y después prendieron fuego el vehículo. Tendría muchas preguntas para hacer después de todo lo que investigamos, pero en definitiva fuimos por esa historia, tan horrible por donde se la mire. En el documental, además de los hechos, también quedan planteadas las dudas y los silencios para quien quiera seguir buscando algunas respuestas”.

(Fuente: La Nación)

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