domingo 14 de abril de 2024

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Opinión

31 de marzo: Día Internacional de la Visibilidad Trans

La columna de opinión de la abogada Claudia E. Pekar.

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Propuesto por la activista trans norteamericana Rachel Crandall-Crocker, desde 2009 se celebra este día para visibilizar y denunciar públicamente la discriminación contra las personas trans.

Ser trans. Ser cis.

Vigente desde mayo de 2012, la Ley Nacional de Identidad de Género (26743) define la identidad de género como la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, que puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento. Puede involucrar la modificación del aspecto o la función corporal mediante hormonas o cirugías, e incluye otras expresiones del género como la vestimenta, el modo de hablar y los modales.

En caso que esa correspondencia no ocurra, la identidad de género es trans, término paraguas para referirse a las personas transgéneros, transexuales y travestis. Cuando esa correspondencia ocurre, la identidad de género es cis.

Todas las personas tenemos una identidad de género.

Algunas personas son hombres trans, otras mujeres trans; otras se reconocen de género fluído, otras se nombran como travestis y se posicionan en un lugar de disidencia frente al binarismo de género, esa construcción social y cultural que sólo admite dos formas de ser: varón o mujer.

Nuestra ley consagra el derecho a un trato digno y respetuoso de las identidades trans, especialmente en el caso de niñas, niños y adolescentes. Y regula la posibilidad de modificar algunos de los datos del documento nacional de identidad, la rectificación de la partida de nacimiento y de otra documentación personal.

La identidad de género no está relacionada con la orientación sexual, referida a la atracción sexual y afectiva hacia personas según su género. El modo en que nos autopercibimos no tiene nada que ver con quién nos atrae.

Discriminación y derechos vulnerados

La histórica patologización de las identidades trans generó un camino de gran exclusión que aún persiste. En un alto porcentaje sufren la expulsión de sus familias y hogares, burlas en las escuelas, violencia institucional, criminalización y, en muchos casos se les dificulta el acceso a la vivienda o la salud, manifiestas violaciones de sus derechos humanos.

Esta situación de vulnerabilidad coloca el promedio de vida de las personas trans entre los 32 y 40 años -menos de la mitad que las personas cis-.

Es importante destacar que recién en 2019 la Asamblea Mundial de la Salud eliminó las categorías relacionadas con las personas trans del capítulo de trastornos mentales y del comportamiento, un paso fundamental pero no suficiente para que puedan vivir una vida libre de violencia y discriminación: la clave no solo está en el reconocimiento legal que implemente cada país, sino también en el cambio social y cultural.

Desde junio de 2021 también rige la Ley Nacional Nº 27636 Promoción del Acceso al Empleo formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero “Diana Sacayán – Lohana Berkins”, que dispone que al menos el 1% del personal que se desempeña en el Estado Nacional esté conformado por personas travestis, transexuales y transgénero.

Parece evidente, en medio de tantos despidos realizados por el gobierno nacional, que no vienen tiempos de prosperidad para esta política pública vital para la inclusión. De hecho, esta semana fue despedida de la Televisión Pública Diana Zurco, la primera periodista y locutora trans en conducir un noticiero argentino.

Desde lo individual, es necesario entender que las ideas de cada persona, basadas en la formación y valores que recibió a lo largo de su vida, solo debieran ser guía en la toma de sus propias decisiones y no generarle prejuicios ni exclusión hacia quienes viven y sienten de otra manera.

Todas las personas tenemos que acceder de manera equitativa a todos los derechos, más allá de nuestra identidad de género y orientación sexual, porque son cuestiones de la intimidad que en nada afecta la vida de las y los demás.

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