Pablo Cuerelly volvió a vivir. Con 46 años, estuvo al borde de la muerte, a la espera de un hígado que no llegaba. Cuando ya no había tiempo, apareció el donante cadavérico que necesitaba. El equipo del cirujano Diego Fernández y el personal de salud de la Clínica Pueyrredon hicieron el resto. Catorce días después del trasplante, ya está de alta en su casa junto a Romina, la compañera que nunca le soltó la mano.

"Crucé la meta y gané, que es lo que importa. Estoy vivo, soy feliz. Las cosas cambiaron mucho para mí, por eso mi festejo y mi felicidad", dijo Pablo, emocionado tras la bienvenida sorpresa que le organizaron familiares y amigos.

"No me lo esperaba, me trajeron engañado, con los ojos vendados. Jamás me lo hubiera imaginado, fue muy emotivo. Ahora puedo hablar, más temprano no hubiera podido porque fue muy emotivo", señaló Pablo en diálogo con Telediario.

Pablo expresó todo su agradecimiento al personal de salud. "Estoy muy bien, evolucionando favorablemente, tuve la suerte de caer en las mejores manos. Hablo de la Clínica Pueyrredon, de los médicos, enfermeros, mucamas... El amor que recibí ahi adentro. Por supuesto, Diego Fernandez y su equipo, que hicieron posible el milagro junto con el donante", remarcó.

El trasplante le cambió la vida a Pablo, que siempre realizó vida sana y se dedicó al running. "Cambia todo porque estuve al borde de la muerte, porque hay que concientizar e informar, Necesitamos campañas, que la gente sepa la importancia que tiene la donación de órganos. Yo creo que vivía la vida de diferente manera, más vertiginosa. Hoy encuentro que todo cambió para mí", explicó.

"Vale la pena vivir, aferrarse a la vida, a lo que uno le tocó tener y no estar todo el tiempo pensando en lo que no tenés. Sé que a veces la vida nos pone trabas , el tema monetario... Hay que ser feliz, aferrarse a la vida, intentar entender que la vida es un regalo que se nos da", reflexionó Pablo.

Pablo indicó que trabaja "en un reparto, en una empresa muy conocida de Mar del Plata". "Agradezco mucho a la empresa, a la obra social, que nunca me dejó a pata, a los compañeros. Ahora tengo que hacer la recuperación y volver a mi trabajo en un tiempo."

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Para Pablo, su esposa Romina "es una de las grandes artífices para que yo esté acá". Ella, en el final de la nota, resumió la actitud de su compañero: "Tiene una fortaleza increíble, toda la garra. No esperaba menos porque le pone todo, sabía que la iba a pelear hasta el final. Él es hiperactivo y yo sabía que iba a pelear con esa garra que le pone a todo".

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