1.602 dólares fue lo único que Guramrit Hanspal pagó por la casa en la que vive desde hace 23 años, en Long Island (Estados Unidos). El hombre de 52 años encontró la manera de mantenerse en el inmueble de manera legal, sin que nadie lo pueda desalojar, a pesar de haber perdido en todas las instancias judiciales por las que atravesó el litigio.

Se trata de una guerra a pura picardía, en la que el hombre ya venció a dos bancos y ahora pelea contra una empresa de bienes raíces. A pesar de todo, se mantiene firme en el cómodo inmueble de tres dormitorios gracias a un vacío legal que detectó en el código de quiebras.

Según publicó Clarín, la disputa empezó en 1998, cuando Hanspal adquirió la vivienda a través de un préstamo hipotecario por el que apenas pagó una cuota. Aquellos 1.600 dólares fueron lo único que necesitó para mantenerse de por vida en la amplia casa de 185 m2 y un valor que ronda los 600 mil dólares.

Un año después, el banco Washington Mutual comenzó con las gestiones para ejecutar la hipoteca y quedarse con la propiedad. En el 2000 la justicia estipuló que Hanspal debía marcharse y fue "excluido para siempre" de cualquier reclamo sobre la casa. Pero para él la acción recién estaba empezando.

Unos meses más tarde, presentó su primer reclamo de quiebra, según muestran los registros judiciales. Luego, presentó otro en noviembre de 2001, dos en 2002 y uno más en 2003.

Dispuesto a todo, el hombre fue cambiando su estrategia y, si las solicitudes de quiebra no funcionaban, simplemente acudía a la corte estatal en busca de ayuda. Muchas veces actuando como su propio abogado.

Sabiendo que aquel recurso comenzaba a agotarse, Hanspal cambió el plan. Transfirió la escritura de la casa a un amigo, Rajender Pal. Exacto, él no tenía ningún derecho sobre la propiedad, sin embargo ahora incorporaba a un nuevo jugador que ensuciaba un poco más la causa.

Pal, utilizando la dirección de la vivienda de la calle Kenmore Street, se declaró en quiebra en 2005, otra vez se evitaba el desalojo. El juez Burton S. Joseph, que manejaba la causa en aquel momento, no tuvo alternativa y debió resignarse a aceptar los artilugios de Hanspal.

"La conducta aparentemente frívola de Hanspel y el Sr. Pal al utilizar el sistema judicial y el procedimiento de quiebra como espada para salir de una deuda legal, en lugar de un escudo, es sumamente desconcertante para este Tribunal", escribió Joseph en 2005, amenazando con sanciones.

Una trampa que le daba impunidad

Al declararse en quiebra se establecía la "suspensión automática" de la deuda, lo que otorga una pausa temporal de todos pagos de deudas y ejecuciones hipotecarias. Está pensado como una ayuda para quien lo perdió todo, pero Hanspel lo utilizó como herramienta para tener una gran casa de modo gratuito.

Año 2008, la gran crisis. Uno de los mayores colapsos bancarios en la historia. El estallido de la burbuja hipotecaria dejó en la ruina a muchos bancos en Estados Unidos y el Washington Mutual fue uno de los que se hundió entre miles de deudores sin capacidad de pago de sus hipotecas. Sus activos finalmente fueron asumidos por JP Morgan Chase.

Pero el cambio de manos no otorgó ninguna solución. El ingreso del poderoso banco tampoco alcanzó para expulsar a Hanspal, y se mantuvo un litigio que para ese momento ya había superado la década.

En 2010 Hanspal decidió contraatacar y presentó al menos tres demandas contra JP Morgan Chase en la Corte Suprema del condado de Nassau. A su vez, las dos partes también se encuentran en una batalla legal en curso en la corte federal de Brooklyn.

Tal como afirmó el New York Post, Hanspal afirmó ante la justicia que el banco cometió un "fraude flagrante" al tratar de desalojarlo cuando no tenía el título de propiedad adecuado, y acusó a la entidad de retener fondos "excedentes" de una subasta anterior de la propiedad. Su objetivo real era seguir entorpeciendo la causa y estirando los plazos para que la guerra en los escritorios nunca termine.

Es por eso que desde Chase se criticó a Hanspal por "obstruir el expediente judicial" con afirmaciones "evidentemente frívolas". Otra de las herramientas utilizadas por el ocupante de la casa era un inesperado cambio de abogados, horas antes de alguna audiencia. Así, el nuevo letrado debía excusarse para poder leer el expediente y las presentaciones judiciales debían posponerse.

También el hombre apeló nuevamente al recurso del cambio de dueños y así hubo otras cuatro declaraciones de bancarrota a nombre de Boss Chawla y una más a nombre de un supuesto John Smith, que simplemente presentó una solicitud por escrito.

Conociendo todos los trucos, Hanspal logró que, en mayo de 2018, Chase desistiera del conflicto y descargara la propiedad en Diamond Ridge, una empresa de bienes raíces. Sabiendo que el problema no iba a ser sencillo de solucionar, se le ofreció a Hanspal un monto en efectivo para que dejara la vivienda: 20.000 dólares.

Entendiendo aquella jugada como una señal de debilidad de parte de la empresa, el ocupante no aceptó el trato y, en cambio, se declaró en bancarrota nuevamente en 2019 y 2020.

Una guerra eterna y costosa

La batalla legal ya es una obsesión, pero a pesar de las fortunas invertidas en abogados especializados en el tema para poder desalojar al hombre, el resultado no cambia. Hasta el momento son $150.000 dólares en honorarios legales y unos 50.000 en impuestos por una propiedad de la que no pueden disponer.

"Es realmente un grupo de personas que están más que dispuestas a usar los tribunales y abusar de los tribunales en la medida que necesiten para extender su ocupación ilegal", dijo el abogado Jordan Katz, que representa Diamond Ridge Partners.

"La historia de litigios de Hanspal es increíblemente larga y sórdida. Nunca vi una ocupación de semejante duración como esta. No está ocupando legalmente esa propiedad", añadió Katz enfurecido. "Es un ultraje".

Hasta el momento la empresa gastó $150.000 dólares en honorarios legales y unos 50.000 en impuestos por una propiedad de la que no pueden disponer.

Para peor, la pandemia de coronavirus jugó a favor del ocupante ya que el gobierno estipuló que se frenaran los desalojos. Sin embargo, tras más de dos décadas, la justicia ahora parece interesada en poner fin a la causa.

"La historia de este caso que se prolonga durante aproximadamente 20 años debe llegar a su fin", escribió el juez de distrito de Nassau, Scott Fairgrieve -quien ahora está a cargo de la causa- en diciembre de 2019.

Claro que para eso tendrán que encontrar una forma de que Hanspal ya no pueda estirar los plazos y eso no estaría marchando del todo bien. El miércoles 30 de junio, en la última audiencia, William D. Friedman, el abogado del ocupante de la vivienda, solicitó más tiempo para realizar su presentación. Explicó que su socio, David Gevanter, había sido contratado el día anterior.

"Este es el último de aproximadamente 40 abogados que han aparecido en la víspera de una audiencia", dijo exasperado el abogado de Diamond Ridge, Jordan Katz, al juez. "Esto es muy típico del acusado: recicla abogados para ganar más tiempo", agregó Max Sold, que trabaja para Diamond Ridge: "Este tipo básicamente se está burlando de los tribunales".

Como si estuviera disfrutando de los nervios de sus colegas, en la audiencia judicial, Friedman acusó a Katz de utilizar un "lenguaje escandaloso". Por ahora el conflicto sigue sin solución, aunque hay algo que está claro: todavía faltan muchos capítulos en esta novela.

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