Es muy común en nuestra cultura que se adopten tradiciones europeas y no resulta difícil ya que las raíces de la mayoría de nosotros provienen de esas tierras. En especial en épocas navideñas no es raro que estas tradiciones adoptadas provengan del norte, ya que los países boreales de occidente tienen muy desarrollada las tradiciones navideñas. Pero nos olvidamos que mientras allí están en invierno, aquí estamos en verano. Así y todo aceptamos sin titubeos la comida hiper calórica de la época invernal y los atuendos típicos. En especial el del pobre Papá Noel que tiene que lidiar con la capa de nieve, la barba y las botas con más de 30° C.

La tradición también tiene sus ribetes paisajísticos y la jardinería no queda excluida. Menos cuando hablamos de anglos, normandos y sajones, culturas adoratrices de la jardinería y del buen gusto por el diseño del paisaje. Entonces es cuando las plantas comienzan a desarrollar un rol preponderante entre las tradiciones navideñas. Estrellas federales (o como se los llama en lengua itálica Stella Di Natale o Estrella del Nacimiento en nuestro idioma) y abetos y muérdagos entran en acción decorando puertas, salas y chimeneas. Algunas de ellas vienen desde épocas remotas, como el abeto que en realidad proviene de una costumbre anterior al catolicismo. Desde los inicios la fe cristiana fue adoptando algunas costumbres del lugar donde llegaba y evangelizaba. Fue así que cuando la iglesia católica sometió a la Europa bárbara, sobre todo en tierras germánicas, adoptó la costumbre del árbol navideño que era adornado con velas y ofrendas para otros dioses. Entonces nace la primera planta relacionada con la Navidad que llega hasta nuestros días. La historia de la Estrella Federal es más reciente, ya que es una planta del continente americano y es , por ahora. la única del nuevo mundo en contarse entre las plantas navideñas para lo cual tuvo que esperar hasta que el Sr. Graham la llevara por primera vez a Europa.

Bien, ¿pero qué pasa en América del Sur? El año pasado planteamos el tema y tuvo mucha aceptación el tilo

¿Pero qué tiene que ver el tilo con la Navidad? Nada y todo. Yo lo explico de esta manera: dicen que el sentido más relacionado con el recuerdo es el olfato. Yo ya cuento 40 navidades en mi haber y a lo largo de este tiempo hubo siempre una constante: invasión de la dulzura del perfume de los tilos por toda la ciudad y Navidad. O sea, olemos tilo al tiempo que comenzamos los preparativos de las fiestas. Para nuestros olfato/memoria: tilo es igual a Navidad. Sin dudas no para los europeos o norteamericanos, porque allí en esta época las plantas están sin hojas. Y lo que cuenta para nuestras vidas es lo que nos pasa a nosotros y no a otros humanos del otro lado del planeta.

Desde esta humilde columna, los invito a pasear por las calles de los barrios viejos de Mar del Plata, aquellos que fueron alcanzados por los años dorados del desarrollo urbanístico y forestal de nuestra historia, y sentir el aroma de los tilos, dejarnos embriagar por el dulce néctar de sus flores y, bajo esos efectos, pensar en los afectos, en la familia y en los planes para el nuevo año que está por empezar. Verán cómo bajo los tilos en flor todo es felicidad, como la Navidad.

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