Por Adriana Álvarez

Dra. en Historia e investigadora del Conicet en la UNMdP

Finalizada la Primera Guerra Mundial, apareció la llamada Gripe Española (1918), que provocó la muerte a 50.000.000 de personas aproximadamente. Cuatro décadas más tarde, en febrero de 1957, se detectó un nuevo virus (AH2N2) . El foco inicial de contagio se reportó por primera vez en la provincia de Yunán, en el sureste de China, alcanzó Hong Kong en abril, y se expandió rápidamente hacia Singapur, Taiwán y Japón en cuestión de dos meses. El intenso tráfico de viajeros facilitado por los modernos transportes, más que nada la aviación comercial, hizo que la enfermedad llegara rápidamente a las principales capitales europeas y de ahí a las ciudades costeras de los Estados Unidos.

gripe hong kong.jpg

A diferencia del virus (H1N1) de 1918, el virus del 1957 se identificó rápidamente gracias a los avances en materia de tecnología científica. En agosto de ese año, ya se disponía de una vacuna en cantidades limitadas. En diciembre, parecía que lo peor había pasado, sin embargo, en 1958, hubo otra oleada de la enfermedad en los ancianos. Aunque la pandemia de gripe asiática no fue tan devastadora como la de gripe española, se registraron más de un millón de defunciones en el mundo.

¿Qué pasó en la Argentina?:

La gripe asiática, llegó a estas tierras en el invierno de 1957, en pleno desarrollo de la revolución libertadora, dictadura cívico militar que había derrocado a Juan Domingo Perón (1955). No eran épocas fáciles, la dureza política fue acompañada por la resistencia peronista, creando un clima tenso en la sociedad. Además, se habían vividos tiempos críticos con las epidemias de poliomielitis, especialmente la de 1956 que había afectado a más de 6.500 niños/as y provocado parálisis infantil en muchos de ellos.

peron derrocado.jpg

Por entonces, cuando los temores por la polio aún estaban presentes, cuando el país era atravesado por una grieta (peronismo-antiperonismo) y el mundo miraba expectante las acciones rusas y norteamericanas que amenazaban con una Tercera Guerra Mundial, arribó la gripe asiática a estas tierras.

Las autoridades sanitarias, estuvieron lejos de emprender campañas de prevención nacional, esas acciones las dejaron en manos de los gobiernos provinciales, además medidas como la cuarentena no eran (por entonces) recomendadas por la Organización Mundial de la Salud, con lo cual solo se estaba a la espera de la vacuna. Sobre la gripe asiática se construyó una percepción de mal menor, y en las pocas notas periodísticas encontradas, se reiteraba el concepto de “benigna”, es decir, “poco peligrosa”, no tenía según esa configuración de la enfermedad los atributos necesarios como para convertirse en noticia.

La gripe del 57-58 también conocida como de Singapur, en la provincia de Mendoza atacó al 40% de su población, debido a su proximidad con Chile, donde se enfermaron 1.400.000 de los cuales 800.000 correspondieron a su capital, Santiago. En ambos lados de Los Andes, la proporción de personas que murieron por esta gripe fue considerada como muy baja, se produjeron 1,3 defunciones por cada 1.000 enfermos.

El total de muertes en la ciudad de Santiago atribuidas a la influenza, neumonía y bronconeumonía, fue de 1.149. El mayor número de estos fallecimientos se produjo entre personas mayores de 65 años y entre las que padecían de enfermedades crónicas. Esta situación enunciada provocó, que se intensificaran los controles a los pasajeros que provenían de Chile utilizando el paso fronterizo de las Cuevas, que se cerraran las escuelas y los cines, mientras que, en ciudades como Buenos Aires, la situación era considerada “casi” normal.

En 1958, y con Arturo Frondizi en el poder, se produjo una segunda oleada, pero al igual que lo ocurrió el año anterior, otros acontecimientos políticos y sanitarios le quitaron estelaridad. En esta ocasión una enfermedad desatada en el interior de la Provincia de Buenos Aires, la fiebre Hemorrágica Argentina (conocida como mal de los rastrojos) fue el centro de atención. Además, los encuentros y desencuentros entre Rusia y Estados Unidos ocupaban las primeras planas de los periódicos, mientras tanto la gripe siguió su desarrollo normal tendiendo a desaparecer a penas terminó el invierno, dejando un numero impreciso de fallecidos en su paso por este país, y un gran numero de infectados.

En nuestro país la mortalidad fue menor al promedio mundial (1,3 defunciones cada 1000 enfermos) no superó el 0,9%. Posiblemente a esa tasa se deba que no se la visualizó como peligrosa, paso sin dejar recuerdos.

En el mundo contemporáneo azotado por la pandemia del Corona Virus, pensar que otras pandemias pasaron sin dejar huella, ni muchos recuerdos en quienes por entonces tenían entre 18 o 30 años, suena extraño a luz de los cambios acaecidos en el mundo a partir del COVID-19. Una primera respuesta, podría ser que se debió al bajo índice de letalidad (o sea la cantidad de personas que murieron por la Gripe Asiática). Sin embargo, si realizáramos un pequeño ejercicio para calcular cual es la tasa de mortalidad mundial, del COVID-19 (al 5/5/2020) nos daría de 0,07%, contra 1,3 % de la de 1957, y a nivel nacional sería del 0,05 % contra el 0,9% de la de 1957, conclusión la pandemia asiática fue más letal que la del 2020, sin embargo se la percibió y vivió de manera diferente.

La pregunta obligada es ¿fue la gripe asiática benigna? O ¿se construyó una imagen tranquilizadora, en un mundo y un país, donde había otros temas candentes que atender?, son algunas de las cuestiones que aún buscan respuestas.

Comentá y expresate