Celarte es amarte, “si no te cela, no te ama”. Son malos, son buenos, necesarios, inevitables, inmaduros, humanos, no son parte del amor. Párese donde quiera, hay diversidad de opiniones. Lo cierto es que los celos son un ingrediente particular del amor romántico. Como todo ingrediente tiene una presencia que debe estar calibrada. Su ausencia puede volver a la comida sosa. Mucha le roba el sabor, su esencia y tapa todo lo que no sea su presencia. Todo sabe a celos y sus consecuencias.

Aclaremos que cuando hablemos de celos en esta columna lo haremos desde la perspectiva de un sentimiento que no tiene razones objetivas de estar. Si hay razones de infidelidad, sospechas basadas en hechos o está en pareja con alguien seductor compulsivo, pues los celos no son tales, deberían llamarse reacción natural ante la evidencia de infidelidad física o moral. Si hay razones de infidelidad, sospechas basadas en hechos o está en pareja con alguien seductor compulsivo, pues los celos no son tales, deberían llamarse reacción natural ante la evidencia de infidelidad física o moral.

Definido a qué llamaremos celos, pasemos a revisar algunas perspectivas diferenciales.

Primera pista: ¿Celos es Posesividad?

¿Son los celos un tema de territorialidad? Pues claro, presupone que tengo derechos, sin que medie razón que lo justifique, a meterme en la vida personal de mi pareja, violar su territorio personal, pasar por arriba de las diferencias sanas que nos separan. Es mío/a, eso me da derecho a meterme en su celular, a armarle un lio porque tenga una reunión de trabajo con otra persona que puede serle atractiva. Enojarme porque sale con amigos o amigas. Todo lo tuyo me pertenece y eso incluye tu tiempo, privacidad, citas, celular, etc. La posesividad es una legitimación de los celos. Si sos de mi pertenencia, lo tuyo es mío. Es un trasvasamiento de uno a otro que nada tiene de natural. Nos unimos a alguien, no nos volvemos simbióticos con alguien.

Segunda pista: ¿Celos es Desconfianza? ¿En quién?

Claro que celos implica desconfianza. Sin embargo, faltando razones objetivas… ¿puedo pensar que la desconfianza es hacia el otro o es un reflejo de mis propios miedos y problemas de autoestima? Si no tengo razones claras, desconfiar habla de mis problemas para asumirme como alguien atractivo y merecedor de amor.

Tercera pista: ¿Celos es falta de intimidad?

Sí, puede ocurrir en una pareja que, al no haber abierto su comunicación a niveles más profundos de entrega y expresión amorosa, se establezcan dudas sobre la naturaleza de la relación o del nivel de involucramiento. Eso genera inseguridades que luego se convierten en celos. Timidez, reticencia, temores o estilos distantes de relación pueden generar esto.

Cuarta pista: ¿Celos es problemas de psicopatología?

Sin dudas hay casos de serios trastornos de la personalidad que generan personas con una enorme desconfianza interpersonal. Es así como la fragilidad de estas personalidades puede crear vínculos tóxicos en varios sentidos. Uno de ellos es justamente celos patológicos severos. En otro sentido también puede deberse a trastornos obsesivos de distinta variedad.

Quinta pista: ¿Celos es amor?

Parece haber una relación. El que ama cela. Sin embargo esta definición es ambigua. ¿El vino te hace alcohólico? Un efecto del vino es la embriaguez. Pero, los que gustan de él encuentran muchas razones para su consumo y no solo la borrachera. Es un efecto, sí, ¿es una justificación para el alcoholismo? No.

¿Un efecto del amor puede ser sentir celos?, Sí, pero ¿es esta consecuencia inevitable?, ¿la base para la justificación del apropiamiento de alguien y su ahogo e incluso su muerte? De ninguna manera ¿verdad?

Tal como expresa Eduardo Galeano en sus versos: “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada”.

Son cada vez más los casos de femicidio que salen a la luz en las noticias diarias.

Los celos son uno de los factores más influyentes en estos casos. Y aquí entra el tema de la posesión. Control constante sobre la pareja, necesidad imperiosa de saber qué hace, cómo, cuándo y con quién, se vuelve el objetivo primordial de quienes padecen de este tipo de celotipias.

Resuenan frases como “Él no la dejaba salir. Era celoso enfermizo. Le dijo que si no iba a ser de él no sería de nadie. La golpeaba”

En estas ocasiones, estamos lejos de pensar en amor. Investigaciones sobre el tema indican que cuando se pregunta a los agresores de estos actos atroces de violencia “¿Por qué la mataste?”, suelen responder: “por venganza, porque se fijó en otro, porque dejó de quererme”.

Acá hablamos de otro tipo de celos, que hieren, consumen, que son un riesgo, pero sobre todo: que matan. Se van sumando cada vez más mujeres a la lista de víctimas asesinadas por violencia de género que, por lo general, lleva como núcleo un celo patológico.

Esto se relata como una especie de novela en las que tiene lugar un crimen pasional del estilo “el exmarido, llevado por los celos, asesinó a su exmujer y a su amante”. Casi intentando justificar o dar significado mediante los celos, a que una persona llegue a matar a su pareja.

Es ahí cuando no se calibran esos celos, que parecen condimento del amor romántico. Naturalizarlos de este modo puede llevar a una toxicidad relacional. Llevados a un extremo, terminan en los más terribles desenlaces.

Cabe aquí ser precisos en diferenciar que celos patológicos no hablan de romanticismo. Posesión no es buen indicador de una relación saludable. Control y obsesividad por el otro no es amor.

Amor implica desear el bien del otro, su plena realización y de respeto máximo a su derecho a desarrollarse en su vida de manera autónoma. Todo lo que no respeta esto, entra en el campo del dudoso amor.

Lamentablemente como dijimos, se ha naturalizado desde la perspectiva del amor romántico, la idea que los celos son una emoción del amor, que surge y se legitima en él. Que celar es amar, que celar es una prueba definitiva del amor al otro y peor aún, que no sentirlos es desinterés por el otro.

Ésta es una tergiversación radical del amor y subyace tras la pasión que es una emoción humana que se la asocia más de lo debido al amor que lo que debería hacerse.

Amar al otro es amar su bien. Si solo puedo pensar que su bien soy yo, estoy irremediablemente patológico. Solo una patología psicológica puede hacer pensar a alguien que la complejidad de la vida se sintetice y resuma en una sola persona. Esto no es amor, sino psicopatología. Dependencia patológica, narcisismo patológico, serian conceptos más adecuados. No hagamos cambalache, No mezclemos biblia con calefón. No unamos amor a un sentimiento que tiene como fin el aprisionamiento del otro.

Lee la nota completa en el siguiente link:

http://www.clinicadefamilia.org/pareja-y-celos-toxicidad-relacional/

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Lic. Julia Belo

Coordinadora de Área Niñez y adolescencia | Psicóloga

Especialista en Terapia Infanto-juvenil

Fabián Melamed

Licenciado en Psicología • Magister en Psicología Social Comunitaria • Profesor de Diversas Facultades e Institutos de Psicología de Argentina y el Exterior • Consultor Internacional en Conflictos Sociales y Cultura de Paz • Especialista en Terapia Familiar • Especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria • Fellow Membership de la Academy for Eating Disorders USA.

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