El notable rendimiento de José “Pepe” Sand a los 37 años suma un ejemplo a una cuestión que ya es una tendencia a nivel mundial. La vida útil del deportista se extendió. Ya nadie puede sorprenderse cuando un jugador que supera los 35 años se destaca. Los cuidados personales, la medicina deportiva, los métodos de entrenamiento y hasta el equipamiento del deportista le permiten tener una carrera más larga y con un buen nivel.

Antes de llegar a Aldosivi en 2015, Sand, que había estado al borde del retiro, se entrenó en un centro deportivo, acudió un psicólogo y tomó más consciencia de la importancia de la alimentación. Su cambio fue evidente. Recobró protagonismo y hoy, dos años después, es el “9” del Lanús finalista de la Copa Libertadores. “Pepe” no regala nada en ningún aspecto de su preparación. Y con la sabiduría que le dieron los años, muestra su mejor repertorio en la etapa final de su carrera.

Si de vigencia se habla, Roger Federer demuestra la suya en el tenis a los 36 años. En el básquet, Emanuel Ginóbili se destaca en la NBA a los 40. “A Manu le encanta el helado, pero no se come un cuarto en toda la temporada”, contó Sergio “Oveja” Hernández. La alta competencia exige hasta el más mínimo detalle. Y ayudados por la ciencia, los deportistas de elite toman cada vez más en cuenta cuestiones como la alimentación, la hidratación, el entrenamiento, el descanso, el fortalecimiento en el gimnasio y la prevención de lesiones. Los clubes y los entrenadores también realizan controles exhaustivos de sus dietas.

El conocimiento del juego y la adaptación de cada jugador a las posibilidades de su cuerpo a determinada edad también resultan determinantes para prolongar una carrera. Sacar ventaja en un terreno favorable es otra de las virtudes de estos deportistas de primer nivel. Según marcan los entendidos, para los deportistas de elite, los 35 son los nuevos 30.

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