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Plaza San Martín: breve historia y curiosidades

Cómo se originó y se llevó a cabo lo que hoy conocemos como Plaza San Martín. La historia detrás de los pequeños detalles.

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16 de julio de 2022 - 10:00

Nos encontramos en los años 1856 y 1857. El proyecto es embellecer el entonces Paseo de Marte y el encargado de llevarlo a cabo es la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Tres años después, en 1860, se forma una comisión con el expreso objetivo de emprender esta tarea, dentro de cuyas disposiciones se encontraban " dos estatuas ecuestres de bronce. Una de ellas será la del General José de San Martín ”. Así pues se da la concepción de la estatua que hoy yace en el centro de la plaza San Martín.

La escultura fue encargada al francés Louis Joseph Dumas, quien se encontraba realizando otra estatua del General en Chile. Sin embargo, en el trabajo que realizó en nuestro territorio patrio el escultor optó por posicionar a San Martín con su brazo derecho orientado hacía la Cordillera de los Andes y “apuntando con el dedo el punto por donde llevó sus legiones a la victoria”.

Con importantes progresos a lo largo de 1861, la estatua desarmada llegó finalmente a Buenos Aires un 13 de abril de 1862, mirando hacía el este y postrada sobre un pedestal de mármol. Mide 3,5 metros de alto y pesa 3,500 kilos.

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La inauguración

El 9 de julio de ese mismo año, la Comisión de Fiestas del Municipio, vía una invitación al General Bartolomé Mitre, entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires y encargado del Poder Ejecutivo Nacional, eligió al 13 de julio como el día para la inauguración de la estatua. El general Matías Zapiola fue designado como padrino de ceremonias, pero por razones de salud tuvo que ser reemplazado por el general Enrique Martínez. Por su parte, los circulares correspondientes se enviaron al día siguiente.

El 11 de julio el Gobierno Nacional predispuso vía decreto que, entre otras cosas, una vez “descubierta la estatua, será inmediatamente saludada con música, dianas, vivas y una salva de 21 cañonazos. Concluida la ceremonia, las tropas se retirarán a sus cuarteles, quedando desde este momento establecido un centinela al pie de la estatua que lo dará la guardia de los cuarteles vecinos”.

Sobre estos lineamientos, el cronista e historiador contemporáneo a estos sucesos, Don Juan María Gutiérrez, recuenta que “todas estas disposiciones se cumplieron con la mayor exactitud. La Municipalidad por su parte, se esforzó por contribuir a la solemnidad de aquella ceremonia, representando dignamente al pueblo de Buenos Aires. La antigua plaza del Retiro estaba adornada con banderas patrias y de todas las Naciones (…) La estatua estaba cubierta con un velo azul y blanco: un viento fuerte y frío que venía desde las Cordilleras lejanas, quería a cada momento desgarrarle, como para satisfacer la impaciencia que manifestaba el pueblo para contemplar la figura del héroe

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Llegado el día de la inauguración, alrededor de las 13hs el General Bartolomé Mitre vociferó un discurso apasionado sobre el prócer, resaltando las virtudes que le supieron otorgar ese estatus y recorriendo aquellos países que liberó y ya habían realizado sus respectivos homenajes. También hizo referencia al deseo del mismo San Martín de que su corazón descansara en Buenos Aires: “El breve espacio que llena ese soberbio pedestal de mármol será el único pedazo de tierra que San Martín ocupará en esta tierra libertada por sus esfuerzos, mientras llega el momento en que sus huesos ocupen otra pedazo de tierra en ella”.

Al concluir su discurso, Mitre quitó el velo que cubría la estatua, a lo que siguió un estruendo de artillería (realizado con salvas), el sonido de campanas y música castrense. Luego habló el ya mencionado padrino de ceremonias, el general Enrique Martínez, seguido por don Tomás Guido. Cabe destacar que ambos tuvieron relación con el General San Martín mientras vivía, lo cual justificaba su lugar privilegiado en la ceremonia, y en sus respectivos discursos se deshicieron en halagos hacía está figura histórica que tanto representa a nuestro país.

Muchos años después, el 15 de febrero de 1878, en celebración por el centenario del natalicio del General, otra comisión especial de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires dictaminó a través de una ordenanza que la entonces Plaza de Marte pasara a llamarse Plaza San Martín, que es cómo sigue siendo conocida hasta el día de hoy en honor a este figura que ha sabido convertirse en emblema de nuestra República Argentina.

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