lunes 5 de diciembre de 2022

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Policiales

Hambre, frío y ratas: escalofriantes detalles de la organización de Teto Medina

El conductor fue detenido, acusado de ser la cabeza de la estrategia de marketing de "Razón de Vivir"

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A partir de testimonios de víctimas, intervenciones telefónicas, chats y trabajos de inteligencia, la Justicia de Quilmes acusó a la organización La Razón de Vivir, donde cumplía funciones Marcelo "Teto" Medina, de ser una asociación ilícita dedicada a reducir a la servidumbre a adictos, someterlos a castigos físicos y psicológicos y evitar que se comuniquen con sus familias.

Se realizaron casi 20 allanamientos este jueves y hay 17 imputados, entre ellos Medina, apuntado como miembro de la organización, acusado de ser la cabeza para su estrategia de marketing. Fue detenido en su departamento de la calle Cabello en Recoleta.

En el expediente, al que tuvo acceso Infobae, detallan situaciones denigrantes para las víctimas, los castigos y se especifica el rol de cada uno de los detenidos: hay falsas psicólogas, una efectiva de la Policía Bonaerense y un jefe, Néstor Ezequiel Zelaya, al que lo llamaba “San Pipi”.

La causa detalla que “los internos debían mendigar leña para la calefacción y pedir dinero en las calles y las iglesias de la zona”. “También estaban obligados a cocinarse productos de baja calidad para ellos y de alta calidad para los jefes. Las víctimas tenían prohibido comer y en ocasiones debían dormir en el suelo y a la intemperie expuestos a roedores. Por otro lado, limitan su libertad ambulatoria y los capturaban si cuando huían del lugar sin autorización. Además, los privaban de atención médica básica y de los medicamentos que tenían prescriptos”, enumera.

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Se cree que el líder es Néstor Zelaya, con quien Medina giraba por el país en conferencias de reclutamiento. En la acusación se especifica que “daba directivas a toda la asociación ilícita y realizaba apariciones en medios de comunicación para dar una cobertura mediática a la actividad criminal. Además, era quien establecía los aranceles e indicaban cómo debían ser las condiciones de servidumbre y los sistemas de castigo”.

En los testimonios de las víctimas, los internos detallan cómo se movía y de qué manera se expresaba Zelaya dentro de la organización: “En todo momento nos mencionaba que “él nos salvó”. También que “no le debemos nada a Dios, sino a él. Repetía que él va a ser siempre nuestro director adentro de la quinta y también una vez que ya no estemos en ella”, aseguró uno de ellos.

Zelaya apelaba también a citas bíblicas para referirse a lo que pasaba dentro de la organización: “La que repetía siempre era “muchos son los elegidos y pocos los que se salvan”. Y luego nos decía que “no se trataba de ser inteligente, sino obediente”.

En cuanto a “Teto” Medina, la acusación también es amplia. No solamente se lo acusa de promocionar La Razón de Vivir, sino de forma parte activamente: “Era la cara visible y publica junto a Zelaya para simula que la misma tenía una actividad lícita. De esta manera captaban más víctimas. Además, mantenía un contacto semanas con los internos para fortalecer su sometimiento y reducción a la servidumbre. En ocasiones, ejercía el rol de operador-coordinador”.

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Los adictos en recuperación eran obligados a trabajar durante largas jornadas sin recibir ningún tipo de remuneración a cambio. Construían oficinas o habitaciones para que usen los líderes y hasta eran trasladados a otras provincias para que hagan lo mismo de manera gratuita.

La cobertura con la que contaba la organización liderada por Zelaya incluía también a una miembro de la Policía Bonaerense. La oficial Tatiana L., fue detenida acusada de “imponer temor y violencia psicológica sobre las víctimas y evitar que intenten huir o resistirse a la servidumbre y los trabajos forzosos”. Pero la acusación suma algo aún más grave: “Simulaba ser una autoridad judicial frente a las víctimas para engañarlas con falsos procedimientos judiciales contra ellos y obligarlos a no resistirse a la explotación laboral”.

Este último dato se obtuvo gracias a una serie de intervenciones telefónicas en las que quedaron registradas las llamadas a los internos donde se los amenazaba con allanamientos falsos y posibles detenciones de sus familiares que era inventadas.

Hay un ejemplo extremo que consta en el expediente. Una víctima relató que estando internado sufrió la amputación de una de sus piernas por una diabetes avanzada y que fueron los propios internos, obligados, los que debieron atenderlo. Además, el hombre contó que le “prohibieron la atención médica profesional para realizar las curaciones de sus heridas post-quirúrgicas”.

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