martes 27 de febrero de 2024

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POLICIALES

Los audios exclusivos de la banda que ingresaba droga en la cárcel de Batán: "Me lastimé toda la garganta y largué hasta la última"

La organización operaba desde la cárcel con apoyo exterior de sus parejas, que colaboraban en el ingreso de drogas y el cobro del dinero por extorsiones telefónicas.

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“Mi amor, me tenés que pasar la ubicación que van a llevar 40 remeras, todo en uno”. El mensaje por vía telefónica no es de un comerciante que espera envío de una distribuidora textil sino la clave compartida para advertirle de una partida de estupefacientes que luego comercializarán.

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La voz masculina detrás de ese llamado es la de un hombre que está detenido y alojado en la Unidad Penal 15 de Batán que espera que esas dosis lleguen hasta su celda, maniobra que se logra mediante ingesta u ocultamiento en genitales por parte de alguna de sus “visitas”.

“Ya llegué, no me revisaron, me lastimé toda la garganta y largué hasta la última”, confirma otra voz que cumplió la misión de expulsar de su cuerpo la droga que luego circulará entre los internos de esta unidad penitenciaria.

Estos registros, a los que accedió Ahora Mar del Plata en exclusiva, son parte de las decenas de horas de escucha mediante intervención de líneas telefónicas que están incorporadas a la causa judicial que lleva adelante la fiscal Romina Díaz y, con apoyo de la División de Investigaciones contra el Crimen Organizado de Mar del Plata, permitió desbaratar a esta banda que no solo comercializaba estupefacientes sino que, además y también desde el interior de la cárcel, cometía estafas.

“Le mando un mensajito, holis, para que se regale. A este lo necesito en ch…, cuerpo completo”, cuenta la misma voz masculina en busca de una víctima a la que, con esa fotografía en situación de desnudez, extorsionará con un pedido de dinero bajo promesa de eliminar ese archivo. “A este le sacamos 500 dólares”, acota en otro llamado.

La modalidad de “sexting”, con aprovechamiento delictivo de fotografías y videos de contenido íntimo o sexual comprometedores para exigir una suma en efectivo, era otra de las facetas de esta organización rejas adentro de la Unidad Penal 15, siempre con la colaboración de sus parejas, que operaban desde sus domicilios. "Yo me estoy haciendo la pendeja", le revela a su compañera sobre la estrategia de engaño que puso en marcha, siempre oculto detrás de un perfil falso en redes sociales.

“¡Karen! El hombre está en el Rapi Pago con las 200 lucas y dicen que la cuenta es inexistente, está con el efectivo en la mano, me pasó una foto…, me podés pasar una puta cuenta bancaria”, le reclama el interno a su pareja, a gritos y con cierta desesperación.

La investigación estaba en marcha desde tiempo atrás, a partir de una suma de indicios. Los propios acusados estaban al tanto del riesgo al que se exponían, en algún caso por exceso de confianza. “Karen estos teléfonos hay que cambiarlos”, advierte el interno a su pareja y le recuerda que lo acordado era que “cada tres meses cambiamos los teléfonos”.

“Con ese Motorola tenemos hasta venta de droga”, le recuerda y advierte, casi a modo de premonición de lo que pocos días después ocurrió: “Hasta que la gorra no te patee a vos la puerta no vas a parar”, le dice.

La investigación judicial llegó hasta dos reclusos de la UP 15 y otras tres personas que operaban desde el exterior, entre ellas dos mujeres, una con prisión domiciliaria.

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