Lic. Virginia Hippener

virginialaurahippener@gmail.com

Mientras la preocupación de los gobiernos es la curva de contagios por coronavirus, muchas mujeres y niñxs viven un calvario, confinadxs con sus agresores.

La ONU hizo un llamado a protegerlxs y algunos gobiernos iniciaron acciones concretas para garantizar su integridad psicofísica durante la cuarentena.

Si bien la casa es el lugar más seguro para evitar la propagación del virus COVID-19, es el lugar más inseguro para mujeres y niñxs en situación de violencia.

Estadísticamente se ha comprobado que las personas que ejercen violencia, en la mayor parte de los casos, son de su entorno más íntimo. Parejas 45%, ex parejas 11% y familiares 22%.

Frente a estas cifras, el precio del aislamiento resulta sumamente alto, por lo cual cualquier mujer en situación de violencia se deberá enfrentar a una doble tarea, preservar su vida y la de sus hijxs frente al agresor o ante una pandemia que acecha.

La violencia doméstica se potencia cuando de manera obligatoria se solicita que se permanezca en los hogares y con esto, la dificultad de pedir ayuda por el monitoreo permanente del ojo de quien la ejerce, el agresor.

Cuando se trabaja con mujeres en situación de violencia, uno de los indicadores que se puede observar es el aislamiento y la privación de los recursos físicos, financieros y personales, para controlar y manipular a la pareja o al ambiente más cercano. Esta conducta se ejerce sobre la mujer con motivo de cortar todo tipo de vínculo o contacto para pedir ayuda y poder vincularse con las pocas personas que pueden escuchar sobre su sufrimiento.

Es en este punto, se piensa cómo repercute el aislamiento obligatorio en tiempos de coronavirus cuando hay una situación de violencia.

Por tal motivo y en respuesta ante estas situaciones, se trabaja haciendo énfasis en el armado de redes de contención para poder solicitar ayuda.

Quienes conocemos la temática, sabemos sobre la dificultad de poner en palabras la violencia sufrida, por lo cual es sumamente importante que quienes reciben esta demanda sean profesionales especializados en violencia de género.

La iniciativa generada ante la situación de emergencia por el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación se trata de solicitar un barbijo rojo en las farmacias. El instructivo llevado a las farmacias indica que al solicitar la víctima un barbijo rojo, el farmacéuticx debe gestionar una comunicación con la línea 144. La estrategia es responder que aún no tiene el producto y le pida sus datos bajo pretexto de acercarse cuando esté disponible. Esta modalidad puede dejar expuesta a la mujer ante el agresor o a su esfera más íntima, ya que

esta iniciativa es de público conocimiento.

Además, es difícil pensar que un trabajadorx de una farmacia pueda estar capacitadx para esta tarea. Por otro lado, el gobierno nacional aporta recursos claros ante la necesidad de mujeres en situación de violencia, como la línea 144. Esta línea telefónica es atendida por profesionales especializados en la demanda. Allí encontrarán asesoramiento y en casos de no poder comunicarse telefónicamente, aportan un número de Whatsapp 127716463, 1127759047 y 1127759048 para que las consultas sean libres de la vigilancia del agresor.

Esta situación de aislamiento no significa para las mujeres estar en soledad, es importante la corresponsabilidad social, la articulación con redes, movimientos territoriales y feministas donde el estado tiene la responsabilidad en el armado de las mismas.

¡Nadie se Salva Solx!

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