La vida de Damián Navarro cambió en un segundo cuando al intentar atrapar a un ladrón, que le había robado a un vecino, cayó de un techo y quedó hemipléjico. Tras varias operaciones y rehabilitación decidió transformar su dolor en ayuda para los niños que están en su misma condición.

“Lo mío fue un hecho de inseguridad. Entraron a robar a lo de un vecino, yo me subí al techo a correrlo y me tiró de arriba del techo. Se me rompieron la médula y las vértebras y esto ocurrió hace 9 meses. Me operaron en el Regional y fui a parar a INAREPS a rehabilitarme”, contó el hombre en Telediario, el noticiero de Canal Diez.

Y señaló: “Es muy duro, es nacer de vuelta, no controlás nada, tu cuerpo ya no está, uno no es el mismo de antes. Cuando me caí me di cuenta que me había roto la espalda, se me perforó un pulmón, no podía respirar, me estaba ahogando. Me logré dar vuelta y pude respirar de nuevo. Los meses fueron jodidos”.

Damián tenía sus terapias por la mañana y tenía mucho tiempo por la tarde, entonces se ofreció a reparar sillas de ruedas. “Los terapistas me dijeron que tenían un proyecto para fabricar pre sillas para niños. Tenían una idea de lo que querían hacer pero no sabían cómo llevarla a cabo. La idea era no gastar dinero que es lo que no hay así que las armamos con materiales reciclables”, comentó.

El proyecto lo entusiasmó y asegura que es una manera de sentirse “ocupado y útil”. “Siempre trabajé con herramientas y siempre fui muy activo, de un momento al otro me sentaron en una silla y no me podía mover. No podía hacer nada, entonces fue todo un aprendizaje. Volví a aprender a hacer las cosas y es un poco devolver a lo que hicieron por mí en el INAREPS”, revela.

Las pre sillas que diseñó Damián están destinadas a niños pequeños, hasta los 6 años, y cuestan alrededor de 2 mil pesos por los materiales que necesita. Las fabricadas por empresas cuestan alrededor d 50 mil. “Con las sillas los nenes se encuentran con la posibilidad de poder desplazarse, es gratificante poder ayudar y hacer algo por otro. La idea es que se pueda satisfacer la necesidad de muchos centros de rehabilitación, no solo INAREPS. Los terapistas están entre ellos conectados y la idea es que se pueda llegar a todos”, asegura.

El hombre solidario tiene una hija de 5 años que “lo tomó bien” pero el accidente marcó su vida ya que trabajaba por su cuenta y ahora no puede volver a hacerlo más. “Perdí mi trabajo, no voy a poder trabajar de lo mismo por cuestiones físicas. Me voy a tener que reinsertar en lo laboral pero encima ahora estamos en cuarentena”, explicó.

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