Diego Luciani tiene 50 años de edad y casi 30 de carrera judicial. Es uno de los hombres más importantes de la escena política nacional de estos días, ya que de su alegato depende la condena a la vicepresidenta Cristina Kirchner por asociación ilícita y defraudación al Estado.

El currículum de Diego Luciani dice que empezó como auxiliar en el Poder Judicial en 1993. Era un empleado de menor jerarquía cuando le tocó trabajar en el juzgado federal 9 de Comodoro Py, al mando del juez Juan José Galeano, el hombre que el 18 de julio de 1994 quedó al frente de la investigación del atentado a la AMIA y terminó destituido. “Diego era muy pinche, no estuvo en esa causa”, dicen en tribunales. Sin embargo, sí estuvo presente el día que Galeano le abrió una causa a un detenido que se comió el pebete de uno de los empleados. Ese episodio, recordado por Infobae recientemente, avergüenza a muchos de los estuvieron ese día trabajando cuando el edificio de Retiro todavía no se había inaugurado.

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Egresado de la UBA, especializado en lavado de dinero, entre 1998 y 2004 Luciani se mudó de Comodoro Py a los tribunales de San Isidro para ser secretario de la Fiscalía General. De ahí, de la mano de Eduardo “Bebe” Righi, procurador nombrado por Néstor Kirchner, saltó a la fiscalía federal de secuestros extorsivos entre 2004 y 2005, abierta por esos años para dar respuesta a un delito que crecía y se cobraba la vida de sus víctimas. Entre 2005 y 2007, Luciani se desempeñó como secretario de Cámara en la fiscalía general de San Martín. Su nombramiento como fiscal federal subrogante fue firmado en 2007 para la justicia de Mercedes.

En una cadena de enroques firmada por Gils Carbó, Luciani pasó a desempeñarse como fiscal ante el Tribunal Oral Federal de Comodoro Py, en reemplazo de su colega Fabiana León, hoy fiscal en la causa de los cuadernos. León salió en ese momento de los tribunales de Retiro rumbo a la fiscalía de Concepción del Uruguay en Entre Ríos y el que había sido designado para ese cargo, Adolfo Villate, fue a Rosario a donde nunca llegó Luciani. Traslados que en tribunales justifican diciendo que, a diferencia de los jueces, “el Ministerio Público es uno solo”.

Por aquellos años, Diego Luciani formó parte del consejo evaluador dentro del Ministerio Público Fiscal que mandó a jury al fiscal de instrucción José María Campagnoli cuando analizó transacciones encabezadas por Lázaro Báez, ya por entonces señalado por la prensa por sus vínculos con los Kirchner. El consejo que integró Luciani suspendió a Campagnoli, pero el jury quedó en la nada. Era tiempos en que también se frenaba la frustrada reforma judicial que impulsaba el kirchnerismo.

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Desde Comodoro Py, a Diego Luciani le tocó acusar en causas de drogas pero también en otra de relevancia política como el expediente contra Armando Gostanian, ex titular de la Casa de la Moneda durante el menemismo que en 2015 fue condenó por el Tribunal Oral Federal 4 a cinco años de prisión por pagar sobreprecios en la compra de máquinas que luego volvían a una cuenta en Suiza. El proceso se suspendió después porque su estado de salud lo convertían en inimputable. Pero la Fiscalía pidió que devuelva lo robado durante su paso por la función pública.

Después también motorizó la acusación en la causa por la compra de Tandanor, también durante el menemismo, en donde después de casi dos años de debate el Tribunal Oral Federal n°5 condenó a un ex funcionario y a dos empresarios por la fraudulenta privatización del astillero estatal Talleres Dársena Norte.

El gran logro para el Ministerio Público fue la inmediata restitución al Estado de la planta, uno de los mayores activos recuperados en este tipo de casos. E impulsó el juicio oral contra la ex funcionaria del kirchnerismo Romina Picolotti, un debate que se postergó porque la acusada estaba en Estados Unidos y que se hizo recién en 2021, en medio del pandemia y con ella desde Miami. De ahí también se fue con una condena a tres años de prisión en suspenso.

Según le dijeron fuentes a Infobae, por su forma de manejarse en los debates, los jueces de los tribunales orales le pusieron un apodo: “el Doctor No” porque siempre se oponía a todo.

(Fuente Infobae)

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