Era una “final” y Quilmes no estuvo a la altura. En su cuarto partido de una gira desgastante, el equipo de Javier Bianchelli cayó 89 a 71 como visitante ante Atenas, que lo superó en la tabla de posiciones, lo mandó al último lugar y se quedó con la ventaja entre sí, por haberle ganado por más de 8 puntos.

El equipo marplatense fue una sombra, dio todo tipo de ventajas y, hoy por hoy, jugaría un playoffs por no descender ante los cordobeses y en desventaja deportiva. Un panorama negro, que intentará salvar con los dos partidos que le quedan en el Polideportivo (el jueves ante La Unión de Formosa y el domingo en el clásico ante Peñarol).

Quilmes entró mal pisado. La diferencia en el nivel de enfoque fue notoria: Atenas tuvo ingreso digno de un partido decisivo, mientras que el equipo marplatense dio ventajas defensivas impropias de la instancia que se está jugando. Los cordobeses, con Moore y Romano en alto nivel, se pasaron bien la bola y anotaron a placer. La defensa quilmeña fue tan permeable que el local pareció olvidar sus problemas de juego y se lució para ganar el primer cuarto por un cómodo 29 a 16.

La defensa de Quilmes recién se presentó en el segundo cuarto. En ese segmento, el equipo de Bianchelli logró un mínimo de estabilidad. Aunque en ataque nunca le sobró nada: apenas algo de Mateo Bolivar y la capacidad anotadora de Frazier. En ese contexto, Quilmes logró detener la caída (igualó el cuarto 16-16) pero seguía lejos (45-32).

Pero la debacle volvió apenas reiniciado el juego. Atenas metió un parcial de 9 a 0 y la diferencia llegó a ser de 27 puntos (66 a 39). Las reiteradas pérdidas de Quilmes (8 en el parcial) en ataque se traducían en puntos de contraataque de Atenas. Y Moore fue poco menos que indetenible para la deshilachada defensa marplatense. Así, los cordobeses cerraron el cuarto ganando 71 a 46.

Con el partido liquidado, Quilmes presionó toda la cancha en el último cuarto para intentar reducir la diferencia y conservar la ventaja deportiva. La defensa extendida complicó a Atenas en el juego, pero la brecha era tan grande que el “Tricolor”, pese a descontar de la mano de Ortiz (85-71), nunca pudo ponerlo en serios aprietos. Y se vuelve a Mar del Plata con una gran preocupación.

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